Científicos de todo el mundo descubren algo impresionante: el enamoramiento destroza neuronas

Albert Boohr & Uri Randi

Un equipo de The Crabalocker Inquirer buscó y encontró un hallazgo científico de cuyo contenido teníamos sospechas. Y las confirmamos. He aquí la apasionante investigación.

EL ENAMORAMIENTO

Investigación científica inútil (pero digna de mención)

Estudiado y vivido por prestigiosos investigadores ‑y también por seres humanos‑ el enamoramiento, científicamente conocido como vorticemanía afectiva monotemática, ha entorpecido las mentalidades más preclaras, ha enturbiado las visiones más lúcidas de los sabios de la antigüedad, ha petrificado la imaginación de miles de poetas, escritores, filósofos, perpetrando un sigiloso complot emocional contra el conocimiento y la razón, provocando a la vez el desborde de la más burda torpeza manual y mental de la que se tenga noticia. Si Ud. lo vivió, comprenderá entonces la necesidad de exponer el resultado de estas investigaciones. Si Ud. lo está viviendo, no podrá leerlo sencillamente porque en este momento está pensando en ella o en él y por lo tanto ya no sabe leer. Y, finalmente, si Ud. lo está por vivir, que Dios lo ayude, porque de todos modos 3 mil millones de palabras sobre este trastorno no le servirán para nada.

Tenga Ud. 18, 32, 83 ó 12 años de edad, el enamoramiento produce indefectiblemente las mismas consecuencias; entre las menos perjudiciales (o más inofensivas):

– Cambios en los hábitos de comida y sueño, en los horarios y los gustos;

– Propensión (mayor a la habitual) a las frases estúpidas y a la pronunciación de monosílabos con la mirada perdida;

– Talento inusual para asimilar conceptos e incorporar palabras y modismos al lenguaje, que en el 120% de los casos son los de la persona amada.

– De 15 a 20 hs. de conversación telefónica diaria con “el amor de mi vida” (aunque del otro lado hayan cortado).

Así queda el teléfono utilizado por una persona enamorada luego de dos días de uso.

Cual iluminado alumno iniciático que ha descubierto a la divinidad que “llevaba adentro pero no me había dado cuenta”, el enamorado responde a un principio que los estudiosos han dado en llamar “principio de la vorticemanía monotemática”. Parece que en la personalidad de la víctima se crea un vórtice -en forma repetitiva, predecible, medible y obsesiva (de ahí el sufijo manía)- que sirve de filtro perceptivo para que todo lo que ocurra en el mundo objetivo, sea reinterpretado a través de un solo tema: la relación con la persona amada. El estudioso norteamericano Kurt Ellpot (1966) dividió la vorticemanía monotemática (VM) en externa (VME) e interna (VMI).

La imagen esquemática de la Vorticemanía monotemática vendría a ser algo así.

La VME es la que se advierte ni bien la víctima entra en relación con alguna otra persona, o cuando simplemente interactúa con el mundo exterior (que ya es mucho para un enamorado). Se da en un 4 ó 5% de los casos y este bajo porcentaje se debe a que el enfermo simplemente se olvida del universo y por lo tanto no tiene con qué o quién interactuar.

La VMI, en cambio, es la que el sujeto lleva consigo mismo a todas partes, la que resuena en su cabeza permanentemente, la que se repite cual mantra endocrino, provocando una convulsión hormonal sólo digna de compararse con la que sufriría Bertrand Russell rezando un padre nuestro.

Sin embargo existe otra clasificación que se complementa con la anterior. Ésta ha sido de vital importancia en el estudio del síndrome VM ya que lleva a observar comportamientos notablemente diferentes. Tenemos la VM unilateral , también llamada dramática, y la compartida o paradisíaca. La primera suele llevar a la víctima a un estado de desesperación, melancolía, accesos de llanto irreprimibles (a razón de 120 ó 130 episodios diarios), dejadez, abandono, desmejoría de todas las funciones orgánicas observables, depresión, pensamientos suicidas y achatamiento neuronal (éste último también reconocible en la VM compartida1). Y esto sucede porque la persona amada sencillamente ignora al sujeto y no siente absolutamente nada por él. Dicen los profesionales que está muy extendida en una institución arcaica llamada matrimonio, que los arqueólogos vienen estudiando desde tiempos inmemoriales, pero no es seguro que así sea pues todavía no han logrado definir concretamente qué es el matrimonio (el pesimismo de los investigadores sin embargo no los desalienta a continuar en esta encomiable tarea de búsqueda y comprensión de entidades extra-paranormales).

Alegoría del matrimonio cuando está en su esplendor.

La VM compartida, en cambio, afecta a ambos componentes de la relación amorosa, y, en consecuencia, sólo provoca estados de éxtasis, felicidad y gracia. Pero…¿cuánto dura esta afección? Los expertos no se han puesto de acuerdo. Puede variar entre dos días y varios meses. Se han registrado casos (Stake Arde, 1982) en los que se llegó a un nivel de inconsciencia tal que el individuo no se percató de la muerte de su compañera/o sino hasta varios años después, y dos o tres en los que no se enteró nunca.

La doctora Stake Arde

Otro problema -definitivamente insalvable- es que los propios estudiosos han sido sorprendidos por la vorticemanía (en cualquiera de sus variantes) en plena investigación, con la consiguiente alteración de los resultados y la anulación de cualquier conclusión, puesto que ésta necesariamente provendría de un cerebro en decadencia irreversible.

Lo que no se sabe es qué ha sido de los seguramente innumerables casos no detectados. Piénsese sólo en los edificios diseñados, las intervenciones quirúrgicas realizadas, los planes de estudio concebidos, y un largo etc., por personas con vorticemanía crónica. Indescriptible angustia la que nos afecta cuando intentamos sacar conclusiones sobre nuestra vida cotidiana. ¿En qué manos estamos? ¿Frente a qué posible desgracia nos encontramos al no advertir que tras esa inocente carita de ángel se esconde el más temible y embobado energúmeno?

Origen del mal

Los investigadores han realizado denodados esfuerzos en su intento por dilucidar cuál es el agente causal de este trastorno tozudamente indómito. ¿Sería la VM un mal biológico, congénito, aprendido, o sencillamente no sería otra cosa que un impuesto a la idiotez propinado por la termodinámica universal similar a la New Age?

Al avanzar el conocimiento científico se propusieron algunas hipótesis de corte biológico. La que más aceptación tuvo en el mundillo académico fue la denominada hipótesis viral. El investigador australiano Kangur Salt fue quien por vez primera adelantó, allá por 1939, la idea de que todo este zafarrancho podría ser provocado por un virus, y, sin haberlo descubierto aún, lo bautizó testosteronus mortalis refiriéndose exclusivamente a la muerte neuronal progresiva. Si bien se conoce el desbarajuste neuroquímico producido en el cerebro de la pobre víctima, el microorganismo causante sigue sin aparecer.

El microorganismo causante sigue sin aparecer…

Parece ser que con la vejez es menos probable caer en manos de este flagelo, aunque la sabia natura lo contrabalancea con la aterosclerosis, la demencia senil, el Alzheimer y otras enfermedades con sintomatología muy similar a la VM. Demasiado similar. Llamativamente similar.

Alejándose un poco del enfoque neurobiológico, el profesor francés Jacques Q’entré Mecqued (1968), aplicó el modelo del aprendizaje: el niño observa, escucha, y a través de los años asimila los comportamientos paternos. A veces notaba que papá estaba más idiota que de costumbre, llegaba a casa bastante más tarde durante algunas semanas, se vestía de forma ridícula con mayor frecuencia durante períodos más o menos cortos, y desarrollaba otras rarezas por el estilo. Todo ello ignorando que papá ya había repetido este comportamiento cuando conoció a mamá2. Y, aprendizaje por imitación mediante, se ponía de “novio”, escribía interminables cartas, miraba el techo largamente, repetía 10.000 veces la misma melancólica canción, y no se sentía del todo anormal porque ello también ocurría con algunos de sus amigos (reforzamiento social) y hasta entre alguno de sus maestros y maestras (reforzamiento escolar). ¿Y mamá? ¿Por qué no notaba el niño el mismo comportamiento en mamá? Sencillo: mamá no era santa pero disimulaba mucho mejor que papá (reforzamiento “con la vieja no te metas”).

Así las cosas, los especialistas no se ponen de acuerdo y continúan oscilando entre la hipótesis biológica y la hipótesis del entorno, como en tantos otros aspectos de la estupidez humana: el homo sapiens conlleva una irresistible tendencia a imitar los comportamientos idiotas, ridículos e inconducentes. Esto lo advirtió tempranamente el Dr. P.C. O’Apple -experto en informática- quien la aplicó al estudio de esta patología en el encomiable intento de simular un modelo computarizado de la VM. La conclusión a la que llegó es que los ordenadores pueden servir para muchas cosas y que son herramientas muy útiles, cada vez más baratas y lindas. Y también que con el pretexto de estar “actualizado” se le puede robar buen dinero a los clientes haciéndoles encargar trabajos vinculando la informática con cualquier cosa.

Los ordenadores pueden servir para muchas cosas y son herramientas muy útiles, cada vez más baratas y lindas

Pero de la VM, nada. Parece que la máquina, al toparse con los datos de la VM, tiene una tendencia a colgarse en el 87,5 % casos, mientras que los seres humanos inteligentes sólo lo hacen en un 86,9 %, el restante 13,1 % no se cuelga por uno de los siguientes motivos: son demasiado inteligentes como para prestar atención a la VM, o padecen VM. Y no se pueden “padecer” inteligencia y VM al mismo tiempo.

1 Y en la mayoría de los seres humanos sanos mayores de 5 años.

2 En este punto el prof. Mecqued descubrió otro tipo de VM, tal vez la que constituya el mayor enigma para la ciencia, se trata de la VM vilárica -llamada así en honor a Esther Vilar- curiosa variante que hace que una vez extinguida la enfermedad, un sujeto continúe atado y sometido a la que fue su amada durante 40 ó 50 años, tolerando una convivencia que resultaría insoportable en condiciones normales y dejando de hacer lo que le gusta para mantener una familia que no le da ni bola.

Continuará…