La fe mueve montañas, que se te caen encima…

El newsletter Ojo Público, en su edición del 23 de marzo, publica lo que tememos, estará pasando en muchísimos lugares del mundo: miles y miles de religiosos se están reuniendo en iglesias de diferentes credos para conjurar al coronavirus mediante el poder de la fe.

Y a pesar de las constantes recomendaciones de los organismos de salud, tendientes a evitar el contacto social y las aglomeraciones para impedir la propagación del coronavirus, las iglesias permanecen abiertas. Entre ellas, algunas evangélicas, otras mega-iglesias como la Universal del Reino de Dios, la Asamblea de la Victoria de Dios en Cristo y la Iglesia Mundial del Poder de Dios. Según afirma Ojo Público, estas sedes tienen capacidad para 10.000, 6.000 y 15.000 personas respectivamente.

Es decir, no se cierran las iglesias a pesar de las evidencias irrefutables de que el virus se contagiará más fácil si la gente se reúne. Se evita a propósito cerrar las iglesias, hay una determinación, no es obra de la casualidad. Como tampoco lo es que muchas, muchísimas personas contraerán el virus y lo contagiarán a otras tantas.

Y el pastor de la Asamblea Pentecostal, Silas Malafaia, dijo que no cerrará sus iglesias a menos que lo ordene un tribunal.

Cuando se toman restricciones para bares, restaurantes, teatros y otros lugares, las iglesias las aprueban. Pero no aprueban las que se indican para cerrar los centros de reunión de los religiosos, o sea los templos y las iglesias.

Podríamos seguir enumerando muchas barbaridades que se hacen teniendo fe en la fe, pero ello no bastará para que miles de inconscientes asistan a reuniones multitudinarias, esparciendo el virus por doquier.

Mientras los fieles siguen juntándose para rezar con mucha fe, el virus se expande siguiendo los caminos naturales de la biología.

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