Mario Bunge: un filósofo que no pasó inadvertido

Alejandro Borgo

Mario Bunge, su (falta de) tacto y su filosofía

Con este título salió publicada en la edición impresa de Pensar, esta nota, sobre una conferencia que dio Mario Bunge para el CFI/Argentina, el 26 de abril de 2008.

El fallecimiento de Bunge, me ha dado pie para reproducirla, ya que pinta de pies a cabeza a este filósofo “amateur” (tal como él se definía, tal vez irónicamente). La quiero compartir con ustedes y recordar a quien fuera uno de mis inspiradores en la aventura del pensamiento científico y el escepticismo. Las diferencias ideológicas que tuvimos y que nos distanciaron, ahora son harina de otro costal.

El 26 de abril pasado, más de 200 personas colmaron el Salón Florentino Ameghino de la Sociedad Científica Argentina (SCA), y otras quedaron afuera, sin poder entrar. ¿Qué ocurría? En un evento organizado por el CFI/Argentina y la SCA, se presentaba el filósofo argentino Mario Bunge.

Inquieto, frontal, motivado. Estos son tres calificativos que apenas esbozan la figura de Mario Bunge. ¿Quiere cuatro más? Agudo, provocador, irónico y apasionado. El filósofo se despachó a gusto durante su breve disertación “Una mirada escéptica hacia los escépticos”. Cuando Bunge elige un título así, la audiencia escéptica se pone un tanto inquieta. Cargó Bunge sin piedad contra “los tres mosqueteros” (sic) Richard Dawkins, Steven Pinker y Daniel Dennett, quienes, según el expositor, han sido ampliamente promovidos por los escépticos “en su afán por destronar la religión y entronar al ateísmo”. No ahorró críticas para la biología evolutiva que se desprende de los textos de Dawkins (“Cree en una bioquímica que no existe” y “lo que está divulgando no es biología evolutiva, y sin embargo es considerado habitualmente por los jerarcas del movimiento escéptico, como una autoridad en biología evolutiva), para Pinker, quien “cree que la naturaleza humana está tan fija desde el nacimiento que cree que el ambiente solamente puede hacer el ‘fine tuning’. Cree que somos lo que son nuestros genomas” y para Dennett, quien “cree que las mentes con computadoras”. “Con amigos como éstos, el escepticismo no necesita enemigos”, bramó Bunge.

Luego continuó con aquello que más le preocupa: los escépticos han sido completamente asépticos en cuestiones de economía y política. “El neoliberalismo es mucho más peligroso que todas las religiones juntas” exclamó, al tiempo que sostenía que el primero “mata”. No está mal, según Bunge, que se publiquen artículos sobre Bigfoot, los OVNIs o astrología, pero lo urgente e importante reside en ocuparse de las políticas –a su juicio nefastas- que recaen sobre millones de personas y que están perjudicando a países enteros.

Siguió a su presentación, el ping-pong de preguntas y respuestas con el público. Quien escribe moderó el encuentro y las preguntas no tardaron en llegar. Acompañando cada frase con algún movimiento de sus manos, vivaz e incómodo por tener que usar micrófono, contestó todas las preguntas, inclusive con un “no lo sé”.

El problema es que cuando uno le pregunta algo a Bunge, no sabe con qué se va a venir. Así, respondió “no tengo experiencia” cuando un asistente le preguntó cómo se llevaba Bunge con su propia muerte, y cuando se le inquirió sobre su más grande error en materia filosófica afirmó tajantemente “perder dos o tres años de mi vida leyendo a Hegel” ¿No le aportó nada? “Sí, odio a Hegel”, respuestas que provocaron una carcajada general.

Le tocó el turno a Chávez vía una pregunta sobre cómo veía la situación de la ciencia y técnica en regímenes populistas como Venezuela y Argentina. “Ya me imaginaba” dijo. No le extrañaba que le hagan esta pregunta “en un país conservador como la Argentina”. “No amo a Chávez, ha hecho un culto de sí mismo y tiene un partido que no lo controla, pero ha dicho cosas que a Condolezza Rice no le gustan, ¡y cualquier cosa que no le guste a Condolezza Rice, me gusta a mí!” Aunque hubo aplausos, esta respuesta efectista -a mi juicio- no los ameritaba. Pero, Bunge es Bunge… y uno ya lo sabe.

Preguntado por la decadencia del posmodernismo, afirmó que “hoy la ignorancia es una virtud” y que no estaba seguro de que el posmodernismo estuviera decayendo.

Arte, religión, agnosticismo y ateísmo (“si Ud. aspira al puesto de empleado de una perrera en Estados Unidos, puede decir que es agnóstico porque nadie sabe lo que significa, pero ateo, no”), ciencias cognitivas, filosofía y personalidades de la filosofía, entre muchos otros, siguieron en un ida y vuelta en el que la audiencia escuchaba atentamente. ¿Cuáles fueron los filósofos más claros? “Bertrand Russell, John Stuart Mill…” entre otros. “Kant fue oscuro, y no nombro a Heidegger porque no lo considero un filósofo”. Así, continuó un periplo por el egoísmo y el altruismo, la relación de la ciencia y la filosofía, la perspectiva científica, y el humanismo, que no excluyó la incursión por temas paranormales. Preguntado si un juez o un político que creyeran en extraterrestres que visitan la Tierra, en la astrología y otras pseudociencias podían desempeñar idóneamente sus cargos, respondió: “Sí, claro. Siempre y cuando sus creencias no afecten la vida cotidiana de la gente. Si un juez, frente al caso de un desaparecido, en lugar de creer que fue secuestrado y asesinado, cree que la persona fue raptada por extraterrestres… bueno, nos encontramos frente a un imbécil que no sirve ni para ir a comprar el pan”. Le recordé que aquí en Argentina, hubo un juez que hizo exorcizar su juzgado porque una gitana lo maldijo, a lo cual respondió: “No me extraña. En este país ocurren cosas muy extrañas. Este país ha sido capturado por extraterrestres” sentenció, provocando la enésima carcajada del público.

No faltaron sus críticas al gobierno norteamericano. “Voy a proponer a Bush como candidato al Nobel de la Paz, porque ha dejado a su país tan arruinado que ya no va a estar en condiciones de hacer otra guerra… Dentro de diez años lo propongo como Nobel de la Paz”.

Ferviente defensor de la paz, la justicia social, la lucha contra la pobreza y vehemente opositor a los sistemas educativos “prusianos”, autoritarios y dogmáticos, afirmó: “hace cuarenta años que no tomo exámenes, no soy partidario de los exámenes. Son un factor estresante innecesario”.

En su libro 100 ideas, Bunge cuenta que sus padres le decian “vos no tenés tacto, Marucho”. Por ello, le pregunté si esa falta de tacto alguna vez le había resultado ventajosa. “Nunca”, fue su segura respuesta. Y ahí comenzó a decir que su hijo le reprochó “haberse metido con Borgo en el tema de los Beatles” lo cual desencadenó un breve diálogo donde Bunge, meneando la cabeza y a regañadientes, reconoció su error. Sin embargo, creo que de algún modo, una dosis de frontalidad y la ausencia de pelos en la lengua no vienen mal de vez en cuando.

En definitiva, Mario Bunge, más allá de sus ironías, demostró una vasta cultura y varias veces se puso serio, casi enojado. Su principal preocupación es la indiferencia de los escépticos hacia la economía y la política. Habrá que ver qué hacemos los escépticos y librepensadores por abordar dichos temas de una vez por todas.

El video de la conferencia se puede ver aquí.

Publicado originalmente en Pensar (edición impresa) Vol. 5, Nro. 3 (2008).

Alejandro Borgo

Alejandro Borgo es director de la revista Pensar, periodista, escritor e investigador de los fenómenos paranormales. Es representante del Center for Inquiry en la Argentina.


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