Coronavirus: el “uso precoz” es una improvisación para salvar el mito de la hidroxicloroquina

Carlos Orsi, Natalia Pasternak

A medida que la evidencia científica de que el uso de hidroxicloroquina (HCQ) con o sin el antibiótico azitromicina (AZ), para combatir el COVID-19 en pacientes hospitalizados es, en la mejor de las hipótesis, inútil -cuando no peligroso-, los apóstoles fervorosos de la cura mágica abrazan, con gusto, una maniobra clásica del repertorio de las pseudociencias: cambian de afirmación, adoptando una que confunde con mayor facilidad. Ejemplo: la combinación de HCQ+AZ funciona, sí, pero requiere uso precoz, “ni bien comienzan los síntomas”, antes que se haga cualquier examen de diagnóstico.

El retroceso confunde por una serie de motivos, algunos de los cuales están entre los que tornan inválido el supuesto “estudio” conducido por el grupo Prevent Senior sobre el asunto. Citaremos solo dos, para no alargar la discusión.

Primero, si tú no tienes un diagnóstico certero, no sabes lo que estás tratando- más todavía en el caso de una enfermedad como el COVID-19, cuyos síntomas iniciales se confunden con gripe, resfrío, infecciones de la garganta o alergias. Luego, no es correcto afirmar, en el caso de que los síntomas desaparezcan después del uso del medicamento, que lo que te curó el COVID-19 fue el “uso precoz de HCQ”. ¡Nadie sabe si se trataba del COVID-19!

Segundo, los síntomas de gripe, resfriados, alergias, y del propio COVID-19, tienden a desaparecer por sí mismos la mayoría de la veces. Atribuir el alivio a la HCQ tiene tanta lógica como atribuirlo al café del desayuno o a la música que escuchamos en la radio media hora antes del último estornudo. Sin estudios observacionales bien conducidos, es imposible determinar qué medidas o comportamientos podrían, de hecho, haber afectado el resultado; sin estudios clínicos bien controlados, es imposible determinar, entre los candidatos, cuál (o cuáles) realmente fueron importantes.

Resumiendo: el uso precoz, después de los primeros síntomas y en ausencia de diagnóstico, es la receta óptima para dar la impresión de que el remedio funciona, aunque no sirva para nada. No solo los ciudadanos comunes pueden ser engañados: los médicos también.

La promoción del uso “precoz” viene circulando de diversas formas en las redes sociales. Consta, por ejemplo, de una lista de recomendaciones de auto-medicación (que, como de costumbre, viene acompañada de un cínico alerta sobre los peligros de la auto-medicación) que circula en Facebook bajo el nombre de “Protocolo de Marselha” (Protocolo de Marsella).

Al menos uno de los posteos a los que tuvimos acceso ya había sido compartido, entre el 5 y el 10 de mayo, más de un centenar de veces. “Marsella”, claro, es el nombre de la ciudad francesa en que trabaja el investigador francés Didier Raoult, de pésima reputación, que en una serie de artículos científicos de calidad abismal habría demostrado la eficacia de la combinación HCQ+AZ contra el nuevo coronavirus.

Células

Se intenta encontrar una justificación teórica para el uso precoz de la HCQ basándose en las supuestas actividades antivirales de ese fármaco. La tesis es que, usando el medicamento apenas aparecen los primeros síntomas, o de forma profiláctica, sería posible impedir la replicación del virus, llevando a una resolución rápida de la enfermedad.

Todavía no existe un estudio completo, bien conducido, sobre los efectos de la HCQ, o HCQ+AZ, en pacientes de COVID-19 cuyos síntomas aún son recientes. Pero ya hay diversas líneas de investigación bien desarrolladas que sugieren, fuertemente, que así como en el caso de los pacientes hospitalizados, el tratamiento es inútil, y hasta peligroso.

El camino normal de un medicamento comienza en el laboratorio, con el cultivo de células, lo que llamamos etapa “in vitro”. Los antivirales comienzan a ser testeados aquí, generalmente en células comunes y fáciles de cultivar, llamadas VERO, originarias de riñones de monos. Hay estudios que muestran que la HCQ funciona bien en esta fase para una serie de virosis, incluyendo el COVID-19. El problema es que fracasó en todas las etapas siguientes.

Un grupo de científicos franceses, que incluye a miembros del Inserm, organismo público de fomento a la investigación biomédica y de salud pública, publicó recientemente un estudio que testéo la HCQ contra el COVID-19 en células específicas del sistema respiratorio, aquellas que el virus SARS-CoV-2 realmente ataca, y no más células genéricas. En las células específicas, el efecto antiviral desapareció.

Para quien sigue la literatura, eso no es sorpresa. Sabemos que el mecanismo de entrada del virus en células VERO es diferente al usado para penetrar las células-blanco, del tracto respiratorio. En las células VERO, el único camino para el virus es una vía dependiente de la acidez del medio, llamada vía de endosoma. Aquí, la HCQ, al alterar el nivel de acidez, bloquea el virus. Ya en las células del sistema respiratorio existe una entrada que es independiente de ese factor. Esa segunda vía, inclusive, es descripta como la responsable de la mayor severidad de la enfermedad.

Incluso fallando en el cultivo de células, se siguió para tests en monos. Los animales fueron inoculados con el virus SARS-CoV-2 y desarrollaron síntomas de la enfermedad. Los autores testearon la HCQ, en combinación o no con azitromicina (el tal “Protocolo de Marselha”), y compararon su efecto con el de un placebo. Utilizaron regímenes de dosis diferentes, hicieron la intervención de forma profiláctica, y también en el inicio del pico viral; poco después del pico viral; y aún después de la aparición de síntomas graves. O sea, cubrieron todas las fases de la enfermedad.

Infelizmente, el resultado fue desfavorable para la HCQ. No se observó reducción de síntomas o de la cantidad de virus en el cuerpo de los animales en ningún momento, ni con uso profiláctico, ni con uso precoz. Los autores concluyen que la HCQ no debe ser usada como antiviral para el COVID-19.

O resultado, infelizmente, foi desfavorável para a HCQ. Não foram observados redução de sintomas ou da quantidade de vírus no corpo dos animais em nenhum momento, nem com uso profilático, nem com uso precoce. Os autores concluem que a HCQ não deve ser usada como um antiviral para COVID-19.

Lupus y artritis

Otra afirmación hecha por los proponentes del Protocolo de Marsella- y que sería, así como el efecto antiviral en células VERO, parte de la lógica detrás del uso de la HCQ contra el COVID-19- es que pacientes con lupus o artritis reumatoidea, que usan HCQ rutinariamente para controlar esas enfermedades autoinmunes, estarían protegidos del COVID-19, o no evolucionarían en casos graves de la enfermedad. Pero esa afirmación es falsa.

La Alianza Global de Reumatismo reunió datos sobre pacientes en tratamiento con HCQ que fueron afectados por el COVID-19. El estudio identificó cerca de 200 pacientes con lupus y artritis reumatoidea en esas condiciones, algunos de los cuales se trataban normalmente con HCQ, y otros que no lo hacían.

La tasa de hospitalización fue la misma entre los que usaban y no usaban HCQ. El uso de ventilación y la necesidad de intubación también fueron equivalentes en los dos grupos, mostrando que o el uso constante de HCQ no protegió a esos pacientes, ni impidió que evolucionaran hacia la forma grave de la enfermedad.

Un argumento posible es que la dosis habitual, usada por pacientes de enfermedades autoinmunes, no sería suficiente para alcanzar el efecto antiviral observado “in vitro” (y, recordamos, solo en células genéricas, no en el tipo de célula que el virus realmente ataca). Pero ni en el trabajo hecho en animales, donde fueron testeadas concentraciones crecientes, hubo algún efecto. Lo que se vio en los monos fue daños en los riñones y en el hígado.

Frente a nuevas evidencias, en buen científico altera sus convicciones y su actitud. El pseudocientífico, mientras tanto, crea distracciones e inventa disculpas. Cuando salieron los primeros trabajos con resultado negativo, culparon a la falta de azitromicina; después, el error estaba en el dosaje. Ahora, lo crucial es el momento en que hay que usarlo. ¿Cuál será la próxima?

Traducción del artículo original, publicada con la autorización de los autores.

Carlos Orsi

Periodista, formado en la Escuela de Comunicaciones y Artes (ECA-USP) y escritor. Actualmente es editor-jefe de la revista digital Questão de Ciência (revistaquestaodeciencia.com.br).


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Natalia Pasternak

Natalia Pasternak es investigadora del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICB) de la USP, presidente del Instituto Questão de Ciência y coautora del libro Ciência no Cotidiano (Editora Contexto).


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