Odio y negacionismo son caras de la misma moneda

Marcelo Yamashita

Imagina que un colega te invite a dar una vuelta y durante el paseo comience a llover, pero, en lugar de abrir el paraguas y lamentar el evento fortuito, la persona comience a enojarse y a culparte por “hacer llover”. Aunque resulte absurdo, situaciones completamente análogas a la descrita aparecen muchas veces en troupes de haters que invaden las redes sociales y los grupos de WhatsApp.

Una cosa que aprendimos desde que lanzamos el Instituto Questão de Ciência es ignorar a los haters. El plural “haters” podría ser traducido como “odiadores” o “aquellos que odian”, y es un término que se refiere a personas que postean comentarios de odio o críticas sin mucho o ningún criterio. Es el llamado cyberbullying, que suele ser retroalimentado por una minoría revoltosa. A pesar de haber algunos polemistas incansables en la revista Questão de Ciência, la regla “no alimente al troll” es válida en este contexto porque, la gran mayoría de las veces, la pelea no te llevará a ningún lado. Los haters no están interesados en establecer un diálogo razonable.

A pesar de toda la incomodidad causada por la situación, podemos invocar al personaje Pollyanna -niña que siempre veía el lado bueno de la vida- y aprender algo de la estupidez ajena. Respecto de los haters, podemos identificar características comunes y también diversas falacias lógicas en las argumentaciones. Normalmente, existe una clara asociación entre ignorancia sobre el asunto (genuina o deliberada), agresividad y una ignorancia de la propia ignorancia (en el caso de la ignorancia genuina). Ello hace que esas personas se encuentren preparadas para opinar sobre cualquier cosa.

Ya escribí en otro texto que si las personas consiguieran entender que correlación es diferente a causación, buena parte de las pseudociencias desaparecería espontáneamente. Varios comentarios se basan en la falacia conocida como post hoc ergo propter hoc (después de eso, luego, causado por eso). Por el hecho de que un evento A ocurrió antes que un evento B, A no es necesariamente la causa de B. Esto se relaciona con la dificultad que tienen las personas para identificar lo que debe ser tenido en cuenta para resolver una cuestión.

Existen problemas complicados que implican, por ejemplo, la mejora en la situación de la salud de una persona como consecuencia del uso de un medicamento. En este caso, no es posible recurrir a una simplificación de los diseños rigurosos de un experimento. Es necesario que se considere un test a doble-ciego con grupos de control y placebo. La evasión de ese protocolo rígido causa solo una ilusión de que es posible concluir algo del experimento. El análisis de cómo un experimento puede estar mal hecho ya fue publicado en Questão de Ciência.

Pero si en algunos problemas la complejidad es inevitable, existen otros en que la simplificación es necesaria. La dificultad, sin embargo, de identificar lo que es relevante o descartable es algo generalizado. Es común tomar decisiones discutiendo el sexo de los ángeles en asuntos simples. Entre físicos, diríamos que algunas personas tienen dificultad para ver una vaca esférica.

La vaca esférica es una alegoría para decir que un problema debe ser abordado hasta el límite donde es posible resolverlo dentro de un tiempo razonable, y con un resultado aceptable. Hasta un problema de libros de física básica como, por ejemplo, el lanzamiento de una pelota de tenis, se tornaría insoluble si consideráramos todos los detalles involucrados. Imagina tener en cuenta todos los pelos de la bola, la variación de temperatura y densidad del aire, todas las hendiduras y deformaciones de la pelota, etc. Aparte de transformarse en un cálculo complicado, toda esa precisión no haría mucha diferencia en el resultado final.

El abandono de la razón no se refleja solo en la ira del vocabulario utilizado, sino en las diversas falacias argumentativas. El sesgo de confirmación es algo bastante común. Se trata de elegir solamente los ejemplos que apoyan su conclusión. Suponte que quieras concluir que al tirar una moneda hacia arriba, siempre saldrá “cara”. La conclusión es obviamente equivocada, pero ignorando todas las veces que la moneda salga “cruz” llegarás a la conclusión deseada.

En los comentarios es común encontrarnos con decenas de links mencionados por una persona, que apoyan una cierta conclusión, y otra persona que postea links de otros lugares que sostienen otra posición. Eso podría hasta dar margen a una discusión productiva, pero lo que normalmente ocurre es crear solo una disputa de cantidad. Poca gente lee lo que el opositor colocó. La actitud de poner varios links también revela otro problema, que es la falta de discernimiento de los lectores sobre lo que es bueno o malo -algo que no puede ser resuelto de manera simple, sin un proyecto de educación científica que abarque a toda la sociedad.

Otra característica de los comentarios furiosos es el ataque ad hominem. No es raro que la gente, al negarse al debate franco de ideas, intente descalificar la figura del interlocutor a través de insultos, cuando la validez o veracidad de una determinada charla depende de la identidad del interlocutor.

Está claro que la construcción de una hipótesis se ve fuertemente afectada por la formación de las personas, o sea, es natural que un doctor en física, basado en muchos años de estudio sobre la mecánica cuántica, no defienda las barbaridades que dicen un coach o un gurú cuántico. De cualquier manera, siempre son las ideas las que deben ser refutadas. Vale recordar aquí el lema de la Royal Society of London, Nullius in verba (“En palabras de nadie”, en latín). El lema expresa la necesidad de verificar siempre las afirmaciones a través de hechos determinados por la experimentación. Y, si no debemos basarnos en los llamados “argumentos de autoridad”, tampoco debemos desmerecer una idea simplemente por causa del orador.

Finalmente, vale notar que los haters aparecen independientemente de la inclinación política. Tanto la izquierda como la derecha tienen apego a alguna creencia de estimación mostrando que, en este caso, vale el proverbio “muy para el oeste, ya es el este”. Al final, todos los haters son solo negacionistas de los hechos. Y existen en todos lados.

Artículo originalmente publicado en Questão de Ciência. Se reproduce aquí con la debida autorización.

Marcelo Yamashita

Marcelo Yamashita es doctor en física, profesor del Instituto de Física Teórica (IFT) de la Unesp, Brasil, y miembro del consejo editorial de la revista Questão de Ciência.


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