Pensamiento crítico para la vida cotidiana

Manuel A. Paz y Miño

Como seres humanos, podemos tener distintos tipos de ideas o pensamientos sobre lo que nos rodea: lógicos, racionales, complejos, deductivos, inductivos, analíticos, creativos, convergentes, divergentes, mágicos, irracionales, críticos, etc.

Nos centraremos en el pensamiento crítico que ha sido definido de diversos modos. Nosotros lo definiremos como:

El tipo de pensamiento que se caracteriza por cuestionar la validez de diversos conceptos, opiniones e interpretaciones sobre la realidad encontrándolos contradictorios, falsos, equivocados, prejuiciosos, carentes de lógica o sin fundamento ni verificación racional o empírica.

Es decir, con el pensamiento crítico podemos poner en duda una serie de ideas, nociones e informaciones que recibimos a diario sobre un sinnúmero de cosas, especialmente si no tienen un correlato verificable con los hechos y no están libres de: dogmatismos, suposiciones, supersticiones, chismes, difamaciones, creencias religiosas, ideologías políticas, afirmaciones pseudocientíficas, autoengaños e intereses ajenos a la imparcialidad, la equidad y el respeto por la verdad.

La vida cotidiana

A cada momento captamos y entramos en contacto con ideas y actitudes de diversas personas que nos las comunican en más de un modo.

En el hogar, los niños aprenden e imitan los buenos y malos ejemplos de los mayores que los crían: sus debilidades y fortalezas, sus miedos y bravuras, sus falsedades y verdades. En la escuela, son presionados socialmente por sus compañeros y maestros a seguir determinadas pautas de conducta, sean pedagógicas, morales, religiosas o cívico-patrióticas. Cosa similar sucede, una vez terminada la escuela, en el centro de labores o de educación superior.

En el trabajo, los obreros y empleados están sujetos a sus jefes en el marco de ciertas leyes laborales que pueden beneficiarlos o perjudicarlos según sea el caso. En los institutos y universidades, los alumnos están supeditados al poder de sus profesores, que pueden aprobarlos y también reprobarlos caprichosa e injustamente.

Los medios de comunicación nos bombardean con noticias que muy bien pueden ser tendenciosas e interesadas, además de no propalar ciertos eventos y denuncias. Y, por otro lado, las noticias falsas, creadas ex profeso para engañar al público, abundan en las redes sociales, donde cualquiera puede escribir lo que le venga en gana y hasta firmar con pseudónimo o usurpando una identidad ajena.

Las leyes y las políticas que rigen las relaciones sociales y gobiernan a una sociedad pueden estar supeditadas ya no solamente a los designios de las minorías empresariales de un país sino a los de las transnacionales que explotan a los trabajadores locales, se apoderan de los recursos naturales y peor, contaminan gravemente los ecosistemas que invaden. Eso explica, en cierta medida, porqué desde hace siglos hay naciones ricas en recursos naturales y pobres en desarrollo tecnológico. Estas naciones padecen gobiernos que no trabajan para la ciudadanía a la que se deben (muchas veces obligada a elegir entre candidatos incapaces y ladrones), sino para beneficiar los intereses subalternos a los que protegen con normas, leyes y represión. Gobiernos demagógicos y corruptos, vendidos al mejor postor local o foráneo, traidores del voto ciudadano que los eligió creyendo ingenuamente en sus promesas falsas, con presupuestos mínimos para la salud y educación públicas. Eso se ha hecho más evidente en esta época, con la irrupción del coronavirus.

En las relaciones sociales no falta entonces quien abuse o perjudique a otros y para remediar o detener esa situación está la aplicación de la ley -sea en el ámbito civil, familiar, laboral, comercial, tributario o penal- que es materia de estudio del derecho. Para los abogados, entonces, es fundamental cómo presentar y elaborar el caso según las normas debidas, presentar las pruebas correspondientes, cómo argumentar y cómo contraatacar las falacias de los oponentes, y así castigar las injusticias, las faltas y los delitos, además de defender a los denunciados sean o no inocentes, según sea el caso. Pero todo eso no será suficiente en un sistema legal lento, ineficiente, decadente y corrupto.

Por otro lado, para mantener nuestra vida es esencial adquirir productos y servicios indispensables a través de su intercambio por dinero. En cambio, el consumismo de productos vanos e innecesarios para una vida sana y contenta aliena a los ciudadanos que van tras ellos cual fetiches mágicos. Con la cuarentena muchos se han dado cuenta de eso también.

En cuanto a las relaciones sentimentales, se nos concientiza y adiestra desde niños para tener una pareja bajo la premisa del amor “para toda la vida” o, según el lema religioso, “hasta que la muerte nos separe”, y reproducirnos dentro de una familia. Pero basta con experimentar la realidad de lo complejo que es convivir con otra persona durante varios años, y ni hablar de décadas, para desmentir las relaciones vitalicias. Realidad que, por desgracia, nos llega mostrar en toda su crudeza, que algunas de estas relaciones pueden terminar violenta y hasta mortalmente.

Por supuesto que la domesticación y la falta de pensamiento crítico se acrecientan desde la más tierna infancia con la enseñanza de ideas mágico-religiosas donde se asume como cierta la existencia no comprobada de seres sobrenaturales que incluso pueden ejercer su influencia en este mundo material y, por supuesto, en los seres humanos. Estas ideas maduran a través del conformismo o la presión social en que el individuo tiene que seguir la corriente más fuerte o mayoritaria, caso contrario, sería estigmatizado y separado. Y se asumen también como verdaderas por los creyentes cuando éstos ven la mano divina en las coincidencias entre sus oraciones y la realidad.

También la creencia en lo paranormal, que es una variante de lo mágico, aunque se basa en cierta concepción espiritualista del mundo, puede acrecentarse por falta de información científica, cayendo así en interpretaciones erradas de supuestos fenómenos paranormales que muy bien podrían explicarse sobre bases puramente naturales (físicas, químicas, biológicas) o humanas (psicológicas, sociales, culturales).

Pensamiento crítico y la vida cotidiana

Como hemos visto, el pensamiento crítico nos podría ayudar a vivir menos engañados y desenmascarar los falsos discursos sobre el mundo y nosotros mismos. Por eso es muy importante desarrollarlo y entrenarlo.

De ese modo, podemos cuestionar las relaciones de poder dentro de la familia, la pareja, los amigos, la sociedad, los medios de comunicación, las empresas, la iglesia, la escuela, la universidad, el trabajo o el gobierno.

Por ejemplo, conforme dejamos nuestra infancia y entramos a la adolescencia, se nos hacen más notorios los defectos, las debilidades y/o los maltratos que pudieron haber tenido o cometido nuestros padres o allegados, los que nos pueden producir un resentimiento perdurable hacia ellos o un recuerdo constante que nos sirva para no repetir sus faltas. En consecuencia, hay que ir de la crítica a la superación del error.

Paralelamente, siempre podemos habernos formado una imagen distorsionada de nosotros mismos, de nuestras reales capacidades y limitaciones, que colisiona con la que tienen de nosotros los demás y de la que realmente se acerca más a lo real. Siempre es muy difícil el ser objetivo con uno mismo. Para eso puede ayudar o no la opinión de nuestros seres queridos y amigos cercanos.

También el pensamiento crítico puede ayudarnos a no caer en relaciones de pareja tóxicas de dependencia y maltrato. Aunque en las relaciones sentimentales los sujetos enamorados viven una ilusión y un enceguecimiento por los cuales no ven los defectos del otro, del objeto de su amor y deseo. Eso se supera con la práctica y el sentido común salvo que se persista torpe y continuamente en el error.

De manera semejante, en las relaciones comerciales el pensamiento crítico puede ayudarnos a evitar ser sorprendidos o estafados al adquirir algún producto o pagar por algún servicio. Normalmente no estamos pensando cada día y hora que nos harán daño, pero eso sucede.

Por otro lado, ciertamente no todos nuestros conocidos son nuestros verdaderos amigos. Parafraseando a Aristóteles, es algo raro tenerlos. Y uno solo ya es bastante: alguien que está contigo en las buenas y en las malas, alguien que no se deja llevar por las calumnias contra ti que provienen de tus enemigos, presas de la envidia y el odio. El pensamiento crítico nos puede ayudar a distinguir una amistad verdadera de una falsa, basada en la necesidad, el interés o la mera circunstancia.

A su vez, ante el bombardeo de noticias sobre la vida y las opiniones de gente pública como modelos, bailarines, cantantes, deportistas, etc. podemos preguntarnos y cuestionar el propósito de los titulares y las entrevistas: ¿qué buscan, a qué apuntan? ¿Por qué quieren que conozcamos y nos preocupemos de cosas privadas que no nos importan? ¿Por qué no se propagan la educación y la cultura? ¿Por qué no se solicita la opinión de los expertos sobre problemas nacionales concretos?

Por su parte, ante la fe religiosa impuesta en nosotros desde muy pequeños, podemos cuestionar el fundamento de las creencias en lo divino y en una conciencia post mortem mismas que, finalmente, no necesitan de pruebas para su aceptación y que nuestras necesidades psicológicas, económicas y sociales alimentan día a día, pero que no resisten el examen lógico por lo general.

Además, de todo lo que se enseña en las escuelas, ¿qué servirá luego para la vida, o incluso para la enseñanza superior? ¿Qué se les enseña a los niños y jóvenes en la educación pública pagada con los impuestos de los ciudadanos? ¿A cuestionar o a aceptar calladamente lo que se le imponga que crean y acepten? ¿Se les enseña a ser futuros ciudadanos capaces de pensar autónomamente? ¿Hay alguna conspiración planificada detrás de eso?

En relación a ciertos países, ¿por qué el sueldo mínimo es inferior al de la canasta familiar promedio? ¿Por qué se tiene que trabajar más de 8 horas diarias y no recibir, dentro de ciertas normas y prácticas, ninguna compensación por las horas extras? ¿Por qué los docentes, formadores de los futuros ciudadanos, ganan sueldos bajos? ¿Por qué diversas trasnacionales no cumplen con pagar todos sus tributos de ley de modo impune?

¿Por qué debemos votar cada cierto número de años por autoridades como alcaldes, congresistas, gobernadores o presidentes? ¿Por qué los cargos no son más rotativos? ¿Por qué cualquiera podría ser candidato sin importar que esté preparado para el cargo que se postula? ¿Por qué solo si tiene cierta cantidad de dinero una persona puede candidatearse? ¿Por qué no se nos pide nuestra opinión y voto en la promulgación de nuevas leyes o la anulación de viejas ya obsoletas?

Conclusiones

El pensamiento crítico nos puede y debe ayudar a tener una vida más plena, libre de manipulaciones y explotaciones, así como de auto ilusiones y engaños y, por ende, de frustraciones y penas, cosas que se dan frecuentemente en las relaciones humanas. Demanda que reflexionemos y cuestionemos sobre cómo va nuestra vida, en qué y cómo usamos nuestro tiempo, qué clase de gente nos rodea y con la que tratamos diariamente, qué tipo de estudios llevamos, la clase de trabajo que tenemos, las religiones que siguen los demás, las tradiciones que practica la mayoría, qué clase de gobernantes tenemos y qué series televisivas o películas vemos.

No es que debamos ser desconfiados o suspicaces las 24 horas del día. Eso no es real, posible ni saludable. Normalmente aceptamos de buena fe lo que nos dicen nuestros allegados o la gente que conocemos. Solo cuando hay indicios de falsedad, equivocación, abuso o injusticia es cuando debe emerger la duda y, por supuesto, la acción necesaria.

Ciertamente también hacemos uso de los otros tipos de pensamiento mencionados al principio, los cuales han dado frutos materiales y abstractos a nuestra especie. Y, por supuesto, no solo pensamos, también sentimos y tenemos nuestras preferencias. Eso explica por qué muchos cuestionan todas las religiones menos las suyas, critican la moral ajena pero no la propia, ponen en duda las supersticiones y los prejuicios de los demás pero no los suyos o aceptan sin más cualquier chisme de algún conocido o sigan cualquier orden que les mande una autoridad sin importar que sea justa o no.

Artículo adaptado de la ponencia del mismo nombre presentada en el Congreso Regional de Filosofía, Psicología y Neurociencias en Educación, el 23 de noviembre del 2017, en la Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica, Perú.

Manuel A. Paz y Miño

Manuel A. Paz y Miño es filósofo, eticista, docente universitario, autor, director de Ediciones de Filosofía Aplicada, y presidente de Humanistas Racionalistas del Perú.


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