¿Alienígenas en la Tierra?

Seth Shostak

A pesar de las creencias de mucha gente, los científicos todavía no han encontrado ninguna evidencia convincente sobre la existencia de vida más allá de la Tierra. Pero eso no significa que estemos solos. Si nuestro mundo es el único lugar donde existe la biología, entonces la vida no es el resultado frecuente de procesos naturales: es un milagro.

El respaldo que tiene esta osada afirmación es simple. En las dos décadas pasadas los astrónomos han descubierto que los planetas son más comunes que las hamburguesas. Nuestra galaxia alberga aproximadamente un billón de planetas, y el universo visible es el hogar de 2 billones de galaxias. A menos que seas lo suficientemente vanidoso para creer que la Tierra es idiosincrásica y excepcional, es razonable esperar que la vida se extienda más allá.

Casi todos los esfuerzos contemporáneos para descubrir una biología extraterrestre se dirigieron hacia algún lugar de nuestro sistema solar —en Marte o bajo las superficies heladas de algunas de las lunas de Júpiter o Saturno. La NASA y otras agencias espaciales están buscando microbios en estos mundos, las únicas formas de vida que pueden soportar ambientes hostiles.

Pero unas pocas docenas de científicos, trabajando con fondos privados, están buscando señales de radio que provengan de mucho más lejos —señales que probarían la existencia de algo más inteligente que lagunas espumosas extraterrestres. Esperan encontrar evidencia de seres inteligentes que viven en otros sistemas estelares. Este experimento se llama SETI, Search for Extraterrestrial Intelligence (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), y sus presas son los equivalentes de la vida real de los alienígenas de ojos negros que frecuentemente adornan la imaginería del cine y la televisión. Décadas de encuestas han demostrado que la mayoría de los estadounidenses (y cualquier otro al que se le pregunte) está segura de que dichos seres sensibles, amigables o no, están ahí afuera (Lampert, 2017).

Sin embargo hay una desagradable controversia que juega el rol opuesto a estos esfuerzos por escuchar. Aproximadamente un tercio de la población cree que los investigadores del SETI están ignorando lo obvio. No hay necesidad de sondear las profundidades del espacio tratando de encontrar compañía cósmica, porque los alienígenas están aquí en la Tierra, viajando a través de la troposfera en naves llamadas OVNIs (Whalen, 2019). El propósito de estos presuntos extraterrestres no está claro, pero aparentemente están contentos por deslumbrar a pilotos militares con acrobacias aeronáuticas y ocasionalmente abducir a la gente de sus dormitorios para palparla y pincharla.

Las páginas del Skeptical Inquirer habitualmente publican análisis de los informes OVNI más fascinantes y en particular cuál es el grado de evidencia que se ofrece como calidad aceptable. Pero además de estas investigaciones detalladas, es justo preguntar si las afirmaciones básicas hechas por los ovnílogos son razonables. Dejando las afirmaciones específicas de lado, ¿tiene sentido pensar que nuestro planeta está albergando visitantes que provienen desde tan lejos? Después de todo, quienes piensan que sí, no son zonzos: no están sugiriendo una obvia violación a la física, ni tampoco están en el mismo bando que, por ejemplo, aquellos que afirmarían que un tratamiento homeopático cura el cáncer.

Algunas dificultades dificultosas

A pesar del hecho de que es físicamente imposible, viajar de un sistema estelar a otro requiere que los tripulantes tengan la paciencia de Job o que los diseñadores de la nave de alguna manera puedan acopiar las enormes reservas de energía necesarias para cruzar años luz de distancia en un tiempo razonable —preferentemente antes de que muera la tripulación. Los cohetes más rápidos de la NASA alcanzan una velocidad de 16 km por segundo, que podría llevarnos desde Nueva York hasta San Francisco en tres minutos o a la superficie de la Luna en apenas ocho horas. Pero usar tal equipo para visitar el sistema estelar más cercano sería un esfuerzo extenuante —80.000 años— un largo tiempo para pasarla comiendo pretzels y mirando películas repetidas.

Se podría acortar este tedioso viaje a 10 años construyendo un vehículo mucho más veloz. Y gracias a la relatividad especial, la tripulación a bordo se beneficiaría con una modesta desaceleración del envejecimiento. Pero una nave como esa requeriría una energía 100 millones de veces mayor que la de un cohete de la NASA para llegar a esa velocidad. Este es un problema de física, no de ingeniería, y no es fácil de resolver.

Hay que ver también la “letra chica” adicional. Un viaje a alta velocidad a través del espacio implica impulsar la nave a través del polvo y el gas que baña nuestra galaxia a una velocidad vertiginosa, haciendo que pequeñas balas perforaran el casco de cualquier cohete expeliendo la biología que se halla adentro.

Los fans de los OVNIs responden a estos argumentos diciendo que los extraterrestres usan una física que nosotros todavía no conocemos. Presumiblemente, los visitantes extraterrestres han dominado algo parecido a la velocidad warp o entrar en el hiperespacio. Los lectores expertos reconocerán que esto es similar a afirmar que mientras los científicos no comprenden cómo funciona el ectoplasma etéreo, ello es irrelevante porque los fantasmas lo hacen. Pero el punto es que cualesquiera sean los detalles de un informe OVNI determinado, la idea de que criaturas cósmicas hagan una excursión a la Tierra es, a priori, dudosa.

Un problema de sincronización

Además del problema del transporte, hay un enigma adicional sobre la hipótesis OVNI que raramente se reconoce; a saber, ¿por qué los extraterrestres nos visitan ahora? Después de todo, la Tierra tiene unos cuatro mil millones de años, y el Homo sapiens ha estado merodeando por 300.000 años. No se puede sostener que los extraterrestres han estado aquí todo el tiempo. Muchos miles de OVNIs se reportan en la actualidad, cada año, en los Estados Unidos (McClure, 2019), pero los objetos que se mueven rápidamente en el cielo no existían hasta el siglo XIX. ¿Por qué la generación de post-guerra aparentemente es la única que presenta seres extraterrestres —visitantes cósmicos que han venido a perturbarnos con sus excentricidades aéreas y su profano interés en nuestras partes íntimas?

De acuerdo a mi experiencia, la respuesta más común que dan quienes creen en la idea de los OVNIs es que los extraterrestres están ahora aquí porque están preocupados por nuestro desarrollo de armas nucleares o nuestras afrentas al clima y el medio ambiente. Uno podría argüir que esas insinuaciones son sospechosamente antropocéntricas; después de todo, ¿por qué a los extraterrestres no les molestó el sometimiento de la población europea por parte de los romanos hace dos mil años?

Pero una refutación más sólida es simplemente señalar que los extraterrestres no conocen ninguno de estos malos comportamientos. La única manera en que podrían estar al tanto de esos problemas es seleccionando nuestras transmisiones, las cuales inevitablemente lanzan al espacio información sobre nuestra sociedad a la velocidad de la luz. Sin embargo, esos mensajes no intencionales han sido lanzados desde la Segunda Guerra Mundial, con el desarrollo de la radio FM, la televisión y (en particular) el radar. Las transmisiones anteriores a la guerra eran generalmente de bajas frecuencias que podrían ser refractadas por la ionosfera.

En otras palabras, encendimos la luz del porche hace solo setenta y cinco años. Y debido a que las naves espaciales están limitadas a la velocidad de la luz por las leyes cósmicas de Einstein, ello significa que cualquier visitante que haya intervenido no podría haber venido de un sitio más lejano que treinta y siete años luz. Si eres propenso a creer los informes, digamos, de los años 40 —incluyendo el famoso incidente de Roswell— entonces hay un problema real: los extraterrestres, incluso los del sistema estelar más cercano, no tuvieron suficiente tiempo para seleccionar señales de la Tierra y llegar al desierto de Nuevo México lo suficientemente rápido para hacer una escala en Roswell.

La simple verdad es que hay menos de dos mil estrellas dentro del rango de treinta y siete años luz. Es difícil creer que el cosmos está tan densamente poblado de extraterrestres como para que algunos acamparan tan cerca nuestro. Si asumes que hay entre uno y 100 millones de sociedades extraterrestres en nuestra galaxia, ahora (estimación optimista), entonces la más cercana estaría a unos pocos cientos de años luz. No sabrán de nosotros. No estarán al tanto de nuestra tendencia a la auto-destrucción, nuestra fascinación por el fútbol o cualquier otra cosa sobre nuestra especie. Esta es la base del dilema “¿Por qué están aquí ahora?”

Todo es un poco pueblerino

Un aspecto molesto del fenómeno OVNI es que estos supuestos visitantes son puntillosos respecto de sus itinerarios de viaje, eligiendo usualmente zumbar en los Estados Unidos o Europa. Los extraterrestres no parecen tener mucho interés en aterrizar en los jardines de la Casa Blanca, aunque lo han hecho, con cierta fama, en el cine (Influence of the Media, 2020), pero, aparentemente, prefieren frecuentar zonas menos urbanizadas. El saber popular sobre OVNI habla de ellos volando por los cielos del suroeste estadounidense o dar vueltas en nuestros silos de misiles de la guerra fría.

Ciertamente, esta predilección por evitar las áreas densamente pobladas podría ser consecuencia de los efectos de selección, tanto en los reportes o el grado al cual se publicitan. Pero la idea de que los extraterrestres favorecen el desarrollo de las naciones es útil en conexión con una creencia actualmente de moda que sostienen los partidarios de los OVNIs: a saber, que nosotros estamos en la antesala de la “revelación”. De acuerdo a esta aspiración esperanzadora, la prueba de que la Tierra realmente alberga extraterrestres está a punto de hacerse pública a través del gobierno federal.

Esto parece sospechoso al menos por dos razones: (1) se presume que el gobierno estadounidense ha sido capaz de mantener en silencio el problema de la presencia extraterrestre durante setenta años o más, un logro de ocultamiento sin precedentes; y (2) requiere que los 192 países restantes del planeta hayan sido boicoteados por los extraterrestres o —tal como los estadounidenses— hayan mantenido todo en secreto. Semejante cooperación conspirativa mundial sería increíble y no tendría precedentes (véase “The Phantom Menace of UFO Revelation” en el Skeptical Inquirer de Julio/Agosto, 2018).

Finalmente, la cuestión sobre si los OVNIs son verdaderamente naves interestelares necesita ser abordada por un cuidadoso examen de las afirmaciones, actividad que frecuentemente documentada en las páginas de esta revista. Pero también cabe decir que —como sostuvimos— hay buenas razones para ser escépticos respecto de que los extraterrestres hayan visitado la Tierra justo en la época en que nuestra generación los albergó, más allá de las particularidades de cada informe específico.

La capacidad del SETI para encontrar una señal verificable proveniente de las estrellas que probaría que hay alguien (o algo) allá afuera está mejorando rápidamente, y no es inconcebible que pronto aprendamos que los extraterrestres pueblan el cosmos. Lo que este descubrimiento provocaría en el ecosistema OVNI no está claro. Pero mientras tanto, parece haber pocas razones para decirle a la Administración de la Aviación Federal que están fallando en el control adecuado de nuestro espacio aéreo.

Referencias

Influence of the Media. 2020. The day the Earth stood still. Encyclopedia of the Unusual and Unexplained. Disponible online.

Lampert, Martijn. 2017. Majority of humanity say we are not alone in the universe. Glocalities.com survey. Disponible online.

McClure, Kerry. 2019. March 2019 UFO Stats. MUFON. Disponible online.

Whalen, Andrew. 2019. Are aliens real? One-third of Americans think alien UFOs have visited Earth. Newsweek (February 19). Disponible online.

Seth Shostak es Astrónomo principal del  SETI Institute  y conductor de  Are We Alone?

Seth Shostak

Seth Shostak es astrónomo principal del SETI Institute y conductor de Are We Alone?


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