Psicoanálisis: mucha charlatanería, nada de ciencia – Parte I

Douglas Rodrigues Aguiar de Oliveira

El psicoanálisis ha causado controversia prácticamente desde sus inicios. El autor expone aquí las características, hipótesis y fallas de esta pseudociencia que ha cautivado a millones de personas. El psicoanálisis sigue siendo muy popular en Francia, Argentina y Brasil, y continúa provocando polémicas interminables entre defensores y detractores. Aquí va la primera parte.

En Brasil, para la cultura popular igual que para la academia, la palabra “psicoanálisis” todavía evoca respeto y prestigio, a pesar de su declinación en el resto del mundo: en los Estados Unidos, por ejemplo, las escuelas de psicología serias lo relegan al papel de curiosidad histórica. En los grandes medios nacionales, los psicoanalistas comparten, con otros actores, la prerrogativa de ser llamados para opinar sobre cualquier cosa -desde las elecciones a las pandemias-, supuestamente por el insight privilegiado que tendrían respecto de las motivaciones humanas. Pero, al final, ¿qué es el psicoanálisis?

Según Sigmund Freud (Obras Completas, 1996), el psicoanálisis es (1) un método de investigación, (2) una forma de tratamiento y (3) una teoría. Freud (1856-1939), es considerado el padre de la disciplina: la palabra “psicoanálisis” surge en un par de artículos publicados por él entre 1896 y 1897. El psicólogo Gerardo Primero (2005) ofrece la siguiente descripción de esos tres puntos:

“El método de investigación consiste en la asociación libre y la interpretación, aplicados a fenómenos como los olvidos, actos fallidos, sueños y síntomas. La persona debe decir todo lo que se le ocurra, y la interpretación del analista intenta descubrir un significado oculto que habría sido la causa de ese fenómeno”.

“La forma de tratamiento consiste en aplicar el método interpretativo para descubrir los motivos inconscientes, en base al supuesto de que la interpretación correcta tiene efectos benéficos para el paciente”.

“La teoría está compuesta por diversos conceptos e hipótesis. El principal es el concepto de “inconsciente freudiano” y el mecanismo de represión y retorno de lo reprimido: es la hipótesis de que ciertos pensamientos son expulsados de la conciencia (represión), y pasan al inconsciente, pero siguen produciendo efectos en forma simbólica (retorno de lo reprimido) en fenómenos como los sueños, actos fallidos y síntomas”.

Otros conceptos psicoanalíticos esenciales son el de Complejo de Edipo (fase en que el niño presenta deseos amorosos por su madre), la envidia del pene, por parte de las niñas, las fases del desarrollo sexual (oral, anal, fálica, latente y genital) y las instancias psíquicas (id, ego y superyó) que explicarían nuestros conflictos psicológicos.

No obstante, ninguno de esos conceptos o principios encuentra el menor apoyo en la ciencia del cerebro y el comportamiento humano desarrollada a lo largo del último siglo. De hecho, la mayor parte de ellos fue elaborada por Sigmund Freud a partir de observaciones hechas en un pequeño número de pacientes, provenientes de un contexto cultural y económico muy específico -pacientes, además, presionados y sugestionados por el propio Freud para concordar con las teorías del “maestro”. Hay evidencia histórica abundante (por ejemplo, Crews, 2017) de que algunos casos clave de la génesis del psicoanálisis fueron distorsionados a propósito -cuando no completamente inventados- por Freud, para que encajasen en el molde de sus ideas preconcebidas.

El psicoanálisis no está amparado por buenas evidencias científicas de eficacia clínica. La mayoría de los estudios conducidos con esta práctica y que muestran algún tipo de efecto positivo, carece de grupos de control, randomización y “cegado” -elementos cruciales para testear la eficacia de cualquier técnica médica- y aún hay otros problemas, como la desconsideración del efecto placebo o de la remisión espontánea. Algunos meta-análisis utilizaron esos mismos estudios metodológicamente pobres, como uno de 2010, para dar al psicoanálisis una falsa apariencia de ciencia. Pero, de a poco, el mundo está abandonando la confianza que tenía en la práctica del psicoanálisis (excepto en tres países: Argentina, Brasil y Francia).

Freud y el inconsciente

Lo que los psicólogos científicos y neurocientíficos reconocen como “inconsciente” no tiene relación con Freud o el psicoanálisis. Ni tampoco el supuesto mérito histórico, a veces atribuido a Freud, de haber descubierto el inconsciente se sustenta delante de los hechos.

La idea de que la mente humana tendría una porción inconsciente es antigua. En términos filosóficos y como proto-psicología, había recibido elaboración detallada en la obra de Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716), y era conocida por David Hume (1711-1776). Había sido difundida, en el medio académico del cual formaba parte Freud, a partir de la obra de Karl Robert Eduard von Hartmann, Filosofía del Inconsciente (1870). Además, dos de los más conocidos psicólogos experimentales de la época, Hermann von Helmholtz y Wilhelm Wundt, escribieron sobre la interferencia del inconsciente, pero no descubrieron nada que corroborara la fantasía psicoanalítica.

De izq. a der.: Von Hartmann, von Helmholtz y Wundt,

En su noción de inconsciente, Freud le agregó “un carácter inteligente” -algo como un fantasma dentro de un cerebro, con personalidad e intereses propios- sin adoptar ningún método riguroso de investigación para testear tal hipótesis. Además, lo que él presentó como “evidencia” de la existencia de ese inconsciente dinámico fueron los sueños, los lapsos linguae (actos fallidos) -que son errores de escritura, habla y memoria, como decir “cansado” en vez de “casado”-, la represión y otros elementos que no tienen nada que ver con el inconsciente propuesto.

Es verdad que existen procesos inconscientes, como los actos involuntarios, parpadear y respirar, pero lo que Freud hizo fue apenas invocar un inconsciente metafísico con características mucho más místicas que científicas.

Diez errores del psicoanálisis

Es una tarea difícil sintetizar todas las críticas y refutaciones existentes del psicoanálisis. Por esa razón, voy a citar solo 10 fantasías psicoanalíticas que, cuando son pasibles de ser puestas a prueba, fueron refutadas por la ciencia (Bunge, 2006. Bunge tomó parcialmente extractos/refutaciones de esta obra y otros argumentos fueron adaptados/complementados con una mejor explicación).

1) La inferioridad intelectual y moral de la mujer, la envidia del pene, el complejo de castración, el orgasmo vaginal y anormalidad del masoquismo femenino

No hay datos clínicos ni experimentales que apoyen esas hipótesis. La única cosa que existe son efectos psicológicos de la discriminación contra la mujer en la sociedad actual.

2) La segunda suposición es que todo sueño posee contenido sexual, jamás manifestado y latente

Incomprobable, ya que, si en un sueño no aparece nada sexual, el analista “interpretará” algo en el sueño como un símbolo sexual. Pero otro analista lo “interpretará” de manera diferente.

3) El complejo de Edipo y la represión

No hay datos confiables, clínicos o antropológicos, que indiquen la existencia del complejo de Edipo. En lugar de ello, tenemos explicaciones que muestran la incompatibilidad de esa hipótesis con los resultados de la ciencia, pues sabemos que (1) el hipotálamo, que es el encargado de la excitación sexual, no está desarrollado hasta los 4 años de edad; y (2) la evidencia muestra que no existe atracción del hijo por la madre y de la hija por el padre y viceversa (excepto en casos anómalos).

Además, un estudio científico realizado por los sociólogos Linoel Tiger y Joseph Shepher (los cuales analizaron más de 34.000 casos procedentes de los kibutz, donde los niños son criados con poco contacto directo con los padres), mostró que la familiaridad durante la infancia lleva a una indiferencia sexual. Gregory Leavitt, que también es sociólogo, llega a una interpretación diferente de los datos, afirmando que hay influencia de factores educativos en el rechazo del incesto. A pesar de ello, no hay ninguna señal del complejo de Edipo. La hipótesis de la represión solo sirve para proteger la hipótesis anterior: cuanto más enfáticamente yo niego el odio a mi padre, más fuerte estaré confirmando ese odio.

4) Las neurosis son causadas por frustraciones sexuales, o por episodios infantiles relacionados al sexo (por ejemplo, abuso sexual y amenaza de castración)

La frustración sexual causa estrés, y no las neurosis (que, además, no fueron bien definidas por Freud). No fue probado que los abusos sexuales sufridos durante la infancia dejen marcas más profundas que las privaciones, palizas, humillaciones u orfandad. Tampoco es plausible que todo olvido sea resultado de la censura por parte del fantasmagórico superyó. Se olvida lo que no se refuerza.

Lo que la ciencia demostró, en verdad, es que es posible, por medio de la sugestión e inducción, implantar memorias falsas de eventos ficticios, que pueden ser interpretadas como memorias reprimidas “recuperadas”, lo cual generó un negocio lucrativo (Sagan, 1996).

Los trastornos psicológicos tienen múltiples causas y, por lo tanto, múltiples tratamientos posibles. Algunos (por ejemplo, la micción nocturna y las fobias) son tratados con éxito a partir de la terapia cognitivo-comportamental. Otros (por ejemplo, depresión y esquizofrenia) responden a medicamentos.

5) La violencia (guerra, disturbios, etc.) es válvula de escape para la represión del instinto sexual

Excepto en casos patológicos, la violencia tiene raíces sociales y culturales: pobreza, expansión económica, fanatismo político o religioso, etc. Por tener causas sociales, la violencia colectiva tiene remedios sociales. Por ejemplo, la delincuencia disminuye con la educación.

6) Sexualidad infantil

Mito. De hecho, la sexualidad reside en el cerebro, y no en los órganos genitales. Sin el hipotálamo y las hormonas que esa área sintetiza (oxitocina y vasopresina), no habría deseo o placer sexual alguno. Y el cerebro infantil no tiene la madurez necesaria para producir placer sexual. Para entender la sexualidad, en lugar de simplemente especular, es necesario realizar investigaciones psico-neuro-endocrinológicas y antropológicas serias.

7) La personalidad resulta del modo de aprendizaje del control de esfínteres

Falso. Las investigaciones han mostrado la inexistencia de esa correlación: las personalidades “oral” y “anal” son producto de las fantasías idealistas de Freud (Sewell, 1952). Existen muchos tipos de personalidad, y todas son producto del genoma, del ambiente y del esfuerzo propio (Harris, 2011). A parte de ello, lejos de ser inalterable, la personalidad puede ser transformada radicalmente por enfermedades cerebrales, accidentes vasculares cerebrales, drogas y reaprendizaje (Jarrett, 2018).

8) Los actos fallidos (lapsus del lenguaje) revelan deseos reprimidos

La mayoría de las transposiciones de palabras son errores inocentes que no tienen ninguna relación con deseos reprimidos. Por ejemplo, se puede provocarlas deliberadamente a partir de traba-lenguas. A parte de ello, algunos individuos son más propensos que otros a cometerlos (Pinker, 2015)

9) El superyó reprime deseos y recuerdos vergonzosos que se almacenan en el inconsciente y que el analista descubre con el método de libre asociación

Elizabeth Loftus investigó cómo se pueden implantar recuerdos falsos.

Los experimentos más notables sobre el tema, incluyendo el de la famosa investigadora Elizabeth Loftus, fallaron al tratar de encontrar señales de represión psicoanalítica. La experiencia clínica muestra que no existe libre asociación, una vez que el analista transmite a su cliente sus propias hipótesis y expectativas. A medida que se aprende la jerga freudiana, el cliente “confirma” lo que el analista espera de él. Loftus argumenta incluso que la memoria es perfectamente manipulable y hasta se pueden implantar falsos recuerdos por medio de conversaciones con psicoanalistas o hipnólogos. En otro sentido, dice ella, es verdad que los seres humanos descartan recuerdos denominados “reprimidos” durante el primer año de vida, porque el hipocampo, que tiene como una de las funciones la creación de recuerdos, no maduró lo suficiente para formar y almacenar recuerdos durad que podrían ser recuperados en la edad adulta (Loftus, 2013).

10) El ser humano es básicamente irracional, dominado por el inconsciente

Como dice Bunge (2006),

“El inconsciente freudiano, como el diablo cartesiano, jugaría arbitrariamente con nuestras vidas por detrás de nuestra conciencia. Esa visión pesimista de la humanidad no está basada en datos empíricos. Es verdad que algunos procesos mentales escapan, de hecho, de la conciencia. Pero Sócrates ya argumentaba sobre cosas de las cuales no somos concientes”.

“El propio tratado Filosofía del Inconsciente, de Eduard von Hartmann, publicado cuando Freud tenía catorce años, fue un best-seller en alemán y francés durante una generación. En todo caso, si es verdad que muchas veces tenemos impulsos irracionales, también es verdad que, a veces, conseguimos controlarlos. Por eso construimos mecanismos de educación y control social”.

“En resumen, las fantasías psicoanalíticas son de dos clases: las incomprobables y las comprobables. Las primeras no son científicas, y las segundas se dividen en dos subclases: las que fueron testeadas y las que no fueron investigadas científicamente. Todas las fantasías de la primera subclase fueron falseadas. Y, evidentemente, las de la segunda subclase continúan en el limbo”.

(Continuará en Parte II)

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Douglas Rodrigues Aguiar de Oliveira

Douglas Rodrigues Aguiar de Oliveira es Pos-graduado en Hackeo Ético y Ciberseguridad y Fundador de Universo Racionalista.


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