Si buscas platillos, platillos encontrarás

Alejandro Agostinelli

¡Por Júpiter!, rugían los soldados de la Legión Romana cuando se cruzaban con los aguerridos aldeanos galos, Asterix y Obelix. Ellos respondían con el poder sobrenatural que les otorgaba la poción mágica de Panorámix.

¡Fue Júpiter!, bramarán los escépticos, esgrimiendo que de eso se pudo tratar el prodigio luminoso observado el pasado 30 de junio por un piloto entre Neuquén y Río Negro. Así es: la línea que une el ojo del testigo con el punto donde brillaba el supuesto ovni coincide perfectamente con el cuadrante en el que se situaba, ese día y a esa hora, el planeta Júpiter.

Por supuesto, tal coincidencia es superflua: la magia de los druidas triunfará.

Por Alejandro Agostinelli

No debe haber ninguna investigación sobre el juego infantil propiamente dicho, pero cuando yo era chico jugaba con mis amigos al gallito ciego. El juego era así: un participante se vendaba los ojos y trataba de atrapar a alguien para adivinar quién era. A veces, la captura no era tan a ciegas: cuando deseábamos atrapar a una persona en particular, la nombrábamos. Pero, ops, casi siempre resultaba ser otra. No sabíamos que por aquellos años, a mediados de los 70, empezaba a estudiarse un fenómeno, hoy bien establecido por la Psicología Cognitiva, llamado sesgo de confirmación, que es la tendencia a buscar, elegir e interpretar aquellos datos que confirman nuestras propias creencias, o nuestras creencias preferidas en un momento dado, en desmedro de otras hipótesis. Este sesgo es más notorio cuando el punto de apoyo o “evidencia” es ambiguo y nos sentimos inclinados, por impulsos emocionales o porque queremos confirmar nuestro deseo, a dar un veredicto prematuro o, por la razón que fuese, no tenemos ganas de evaluar diferentes alternativas.

Nadie, la verdad sea dicha, está a salvo de volcar su entusiasmo en favor de la idea de la que se siente enamorado, moverse en función del interés en confirmar su deseo o poner las ilusiones por delante de las evidencias. Pero hay matices según el conocimiento, la experiencia o la tenacidad del “jugador”.

En esta ocasión, nos interesa el sesgo confirmatorio de la gran mayoría de los ufólogos. Es un fenómeno recurrente; es más, se podría decir que, muchos de ellos, se han preparado años para quedarse con los testimonios que confirman su creencia en la naturaleza “extraordinaria” de los hechos: siempre parecen estar listos, como aconseja el Manual del Cortapalos, para seleccionar aquellos elementos que permitirán ratificar sus deseos.

Así, el trabajo del ufólogo, cuya tarea básica debería ser identificar “objetos voladores”, se transforma en una simple parodia de investigación. Muchos de ellos consiguen que su actividad resulte más parecida a un juego teatral donde la búsqueda de la verdad solo es un disfraz. Así las cosas, lo que muestran –muchas veces involuntariamente– es un montaje, una puesta en escena; si revisamos detrás de la cortina pronto descubriremos sogas, ropa tirada y cigarrillos apagados.

PRIMICIA VS. OBJETIVIDAD. Esa dicotomía planteaba en los 70 el Dr. Oscar Galíndezpionero de la divulgación ufológica con orientación científica en la Argentina, para dejar en claro que, si pretendemos trabajar con seriedad, no corresponde “correr” detrás de primicias. Mucho menos si es al precio de perder la “objetividad”, concepto que, por entonces, equivalía a profesionalismo, calidad y honestidad. En su blog, el ufólogo Carlos Ferguson no solo se jacta de “llegar primero”, como si apurarse constituyera un mérito científico: practica el feo ejercicio de dar de baja sus metidas de pata sin explicar nada.

La semana pasada volvió a ocurrir. Un piloto no logró identificar un objeto cuando salió del aeropuerto de Neuquén y el show se puso en marcha otra vez. Informes exclusivos, emisiones especiales, denuncias a la Fuerza Aérea por no investigar “urgentemente” el caso, pedidos para “liberar toda la documentación” (esto es, reclamando una información que aun no existía) y hasta tejer sospechas sobre “intereses mezquinos que buscan ocultar la verdad”. La grabación de la comunicación entre el piloto y la torre de tránsito aéreo, disponible desde las primeras horas, probaba que los hechos relatados habían acontecido y ofrecía la posición precisa de los puntos de observación y del objeto, que a la postre permitirían presentar la única hipótesis explicativa conforme a los hechos. Si bien el audio no permitía evaluar que estábamos ante un “evento extraordinario”, los ruidos de la transmisión y la sorpresa de los protagonistas (cuando no el uso de la cortina musical apropiada), aportaban la necesaria dosis de dramatismo.

El 30 de junio, a las 19 horas, el piloto instructor Sergio Fernández despegó con su Cessna 150 desde el Aeropuerto Presidente Perón de Neuquén. Durante 45 minutos observó, hacia el Sudeste, “una intensa luz blanca y estática, a unos 30/35 ° sobre el horizonte”, al sur de la localidad de General Roca, en una región desértica llamada El Valle de la Luna. El instructor, que sobrevolaba el barrio Las Perlas a unos 5.000 pies de altura, a 5 millas del aeropuerto, estimó que el objeto “estaría entre 8.000 y 10.000 pies y a unos 45/50 kilómetros de distancia”.

Al día siguiente, medios periodísticos y ufólogos locales entrevistaron a Fernández. Conclusión: el piloto, su acompañante, Federico Frenke Marsch, jefe del Aeropuerto que estaba tomando clases de vuelo nocturno, y el controlador de tráfico aéreo, ratificaron el veredicto del testigo, esto es, tampoco lograron identificar al objeto, descrito como un “faro estático”.

Fernández, único testigo dispuesto a contar la historia, descartó que la luz correspondiera a otro avión, una estrella, un satélite o un dron. Por lo tanto, para algunos ya era legítimo considerar que el piloto había visto un “auténtico” objeto volador no identificado. Ahora bien, ¿la falta de habilidad del testigo para identificar lo que percibió es condición suficiente para calificar el caso de “informe ovni”? Ni el propio J. Allen Hynek, erigido en máxima autoridad por los propios ufólogos, acordaría con esas conclusiones.

El ilustre astrónomo definía a la cuestión en los siguientes términos:

“Podemos definir al Ovni como el informe de la percepción de un objeto o luz vista en el cielo o en el suelo, cuya apariencia, trayectoria, dinámica general y conducta luminiscente no sugiere una explicación lógica y convencional, y que no solo desconcierta a los perceptores originales, sino que permanece no identificado después de un examen minucioso de todas las evidencias disponibles por personas capacitadas técnicamente para hacer una identificación de sentido común, cuando ésta es posible.” (1)

La versión de Hynek de esta definición proponía enfocarse en los informes de la percepción (no en los “fenómenos”) que refirieran “objetos” o “luces” con cuatro propiedades inusuales (apariencia, trayectoria, dinámica y luminosidad) que debían desconcertar (“sorprender”) no solo al observador sino que debían permanecer no identificados pese a los esfuerzos de especialistas calificados para evaluar la totalidad de la evidencia para encontrar una explicación.

Si bien esta definición fue cuestionada (el “ovni” como informe y no como objeto con unas características definidas, la subjetividad del término “desconcertar”, la no identificación como categoría para abarcar un conjunto de casos de naturaleza dispar, etc.), lo que hoy conocemos como ufología ni siquiera trata de adecuarse al reclamo de Hynek. Salvo honrosas pero exiguas excepciones, el autodenominado ufólogo se muestra poco interesado en descubrir posibles causas mundanas para los informes de una observación; si hace algún intento, éste es tímido: la identificación malogra el misterio. Y cuando el observador es un piloto, inmediatamente lo erige como testigo de élite, una persona incapaz de confundir un evento celeste banal con una nave de otro mundo (o hipótesis exótica similar), como si estos profesionales fuesen inmunes a reacciones emocionales, condiciones visuales atípicas o a las influencias culturales del entorno.

¿QUÉ DESCRIBIÓ EL PILOTO?

Con su actitud ante el caso de Sergio Fernández, el sector más inquieto de la comunidad ufológica local dio un buen ejemplo de lo que acabamos de decir: el informe del piloto carecía de singularidad (solo había un aspecto aparentemente inusual, la llamada “conducta luminiscente”) y los esfuerzos técnicos de los autodenominados ufólogos para hacer una “identificación de sentido común” (Hynek) fueron fallidos o, simplemente, brillaron por su ausencia.

Afable y cooperativo ante la curiosidad que despertó su caso, Fernández descartó varias posibilidades (“aquella fuerte luz no era un satélite, un dron, una estrella ni nada conocido”), “permanecía estática” a cierta altura y la situaba sobre General Roca, sin especificar cómo hizo este cálculo habida cuenta su explícito desconocimiento del tamaño del objeto.

Cuando la aeronave cobró cierta altitud y vieron el objeto por primera vez, pensó en el posible arribo de un avión con fallas en la comunicación, lo cual descartó la torre de tránsito aéreo y el mismo piloto, ya que la luz permanecía estática. Otros detalles significativos fueron la forma esférica y la intensidad de la luz (“blanca y el doble de luminosidad que un avión comercial”), y ciertos cambios de coloración: una vez describió que poseía destellos rojizos, otra un poco anaranjados y en dos ocasiones amarillentos, “que por momentos variaban al naranja”.

El piloto añadió que la “potente luz” permaneció visible por 45 minutos (alguna vez dijo que se prolongó durante una hora), que lo volvió a ver en tierra firme, desde la pista, y destacó la ausencia de registro en el radar secundario del aeropuerto.

Para explicar por qué desestimó la posibilidad de un satélite, Fernández dijo al periodista de General Roca, Cristian Echeverría: “A veces vemos satélites geoestacionarios, que no se mueven y están fijos, que a veces tienen mucho brillo; pero tampoco, en ese sector no se suelen divisar y aparte ayer el cielo estaba bastante nublado”. Sobre esta cuestión no dijo exactamente lo mismo a Fernando Silva Hildelbrandt de La Señal, en una entrevista celebratoria y orientada a favorecer el misterio: “Podría ser un satélite, pero el cielo estaba prácticamente todo cubierto”. Tampoco es lo que Fernández dirá en mi entrevista, a saber: que la nubosidad era escasa y que la luz, por momentos, resultó cubierta por las nubes. (2)

En otra parte de su relato, el piloto acentuó la intriga sobre la naturaleza del objeto cuando insinuó su posible ubicación: “Nos llamó la atención que, en ese sector (El Valle de la Luna), todo es desierto, todo es oscuridad, no pudo haber sido algo que por ahí te confunda, alguna luz de la ciudad que refracta en la atmósfera y te puede confundir. Tratamos de sacarle fotos pero no se (veía) prácticamente nada”, dijo a Silva Hildelbrandt.

Para establecer la posición sobre la cual se encuentra un objeto sin marcos de referencia es necesario contar con una estimación de tamaño. En mi entrevista, Fernández no dio esa respuesta, pero me explicó que de noche se mantienen con referencias visuales:

“Volando sobre Neuquén tenemos Cipolletti, Fernandez Oro, Allen y después Roca. Tenemos varias luces de ciudades y este objeto estaba al sur en la última ciudad que nosotros podíamos ver, que es General Roca”.

Sobre el ángulo respecto del horizonte calculó “entre 30 y 35 grados”, y aclaró, con honestidad, “pero es difícil de calcular porque uno está en vuelo”.

Fernández no defendió una tesis ufologista: “Al momento, no sé qué pudo haber sido eso”, le respondió a Silva. Y remarcó que, si bien había visto otras luces en otras ocasiones, “ésta es la primera vez que veo una con esa intensidad y tamaño”. Para el piloto, intensidad, tamaño aparente y falta de movimiento determinaron la extrañeza del objeto percibido.

El martes 7 de julio pude conversar brevemente con él. Reproduzco en forma resumida un fragmento.

Fernández: –Descartamos que fuera un objeto astronómico o meteorológico porque el cielo estaba bastante cubierto.

Factor-Esa es la razón por la cual descartás la posibilidad de un objeto astronómico, por eso estaba interesado en preguntarte por el cuadrante en el que lo veías. ¿Veías en esa dirección alguna otra luz?

-Nosotros empezamos a descartar el tema de algún astro o un satélite porque era lo único que se veía. El cielo estaba prácticamente cubierto en ese sector. Por eso nos llamó más la atención. No había otros astros, alguna estrella, en el mismo cuadrante.

-El parte meteorológico dice que estaba parcialmente nublado, ¿cómo recordás las nubes?

-Nosotros teníamos escasa nubosidad, a más o menos 4.000 pies, que son 1.200 metros, y cielo quebrado, un poquito más cubierto, a una altura de 8.000 pies aproximadamente. Solamente lo dejamos ver unos 10 segundos, seguramente por una capa de nubes que atravesó ese lugar, después, los 45 minutos siempre estuvo en el mismo lugar. Y era la única luz que había en ese sector. (NdelE: Los destacados son nuestros).

-Estuvo circulando un mapa donde aparece una dirección que apuntaba; digamos que el punto donde estabas mirando era radial 120 grados. ¿Es una dirección magnética o es…?

-Sí, es una emisión radioeléctrica pero sí, coincide con lo que es el rumbo magnético.

-Equivale al azimut geográfico, aproximadamente.

-Exactamente. Desde el aeropuerto de Neuquén son 120 grados donde era observada esta luz.

-Sabes que exactamente en esa dirección se ve Júpiter.  ¿Qué opinás de eso?

-Claro, yo estuve averiguando. Yo tengo una aplicación en el teléfono y, por lo que estuve mirando, Júpiter salió más tarde, 19:20 hs. sobre el horizonte. Júpiter siempre se ve a simple vista, después aparece Saturno, pero esto no era una estrella como uno la ve en el cielo, éste era más un faro de una nave, por lo que se podía apreciar.

-Lo que pasa es que vos me decís que no viste a Júpiter, que solamente viste una luz, y Júpiter estaba ahí.

-Claro, no veíamos estrellas porque el cielo estaba bastante cubierto, y esta luminosidad era como el faro de un avión comercial que está por arribar, eso nos llamó la atención y por eso mismo informamos a la torre que había un tránsito reportado en la zona. No era la intensidad de un astro o una estrella.

Entrevista de A. Agostinelli a Sergio Fernández (7/7/2020)

La descripción del cielo y la hipótesis Júpiter, que Fernández ya había considerado (y descartado), fueron las dos novedades de la charla. Quise saber cómo trascendió la noticia. No supo responder con precisión la pregunta, pero él cree que circuló por alguien que se enteró a través de LiveATC, un portal desde donde se pueden escuchar en vivo y quedan registradas las conversaciones entre el controlador aéreo y el piloto de los aviones.

¿Y QUÉ VIO EL PILOTO?

En meteorología se calcula  el estado de cobertura del cielo dividiéndolo en 8 “octavos” como si fuera una pizza de 8 porciones. Es decir: 4 octavos es media pizza, o medio cielo cubierto por nubes, aunque no exactamente esté una “mitad” del cielo perfectamente cubierta y la otra “mitad” perfectamente despejada.

Precisamente el término SCT (“scattered”) se refiere a 50 por ciento cubierto de nubes pero en forma dispersa, lo que implica que el otro 50 por ciento es cielo despejado, pero con claros dispersos, de “cielo ilimitado”.

Según el informe meteorológico del Aeropuerto de Neuquén, el 30 de junio las nubes estuvieron “scattered” (dispersas), a 4.000 pies. Esto significa de 3 a 4 octavos, o sea: 40 a 50 por ciento cubierto en forma “dispersa” o sea, que hay “claros” (cielo despejado)  entre un 50 y un 60 por ciento.

Para entendernos, “Scattered” o “nubes dispersas” no es lo mismo que “Overcast” (nublado).  Las nubes dispersas no ocultan la visibilidad de estrellas o planetas. Y un cielo cubierto con nubes dispersas entre un 40 o 50 por ciento implica la existencia de claros. Por eso tiene mucho sentido que Fernández afirmase: “se dejó de ver porque lo taparon las nubes”. Este detalle confirma que la luz estaba por encima de las nubes.

Sergio Fernández confirmó en nuestra charla las condiciones de visibilidad y explicó la ubicación del presunto ovni en un dibujo. Ariel Maderna, un investigador de Santa Fe, superpuso el esquema con una carta náutica del Área Terminal Neuquén. Resultado: la línea que une el ojo de un observador en Neuquén coincide con el cuadrante donde se encuentra el planeta Júpiter. Cuando cerrábamos este post, descubrimos que el español Juan Carlos Victorio Uranga llegó a las mismas conclusiones.

¿Pudo el testigo confundirse con el gigante gaseoso? En favor de esta hipótesis, digamos que Fernández no vio dos luces (el presunto ovni y Júpiter). Vio solamente una luz. Entonces, ¿qué vio el piloto? Como vemos en el gráfico, Júpiter está al Este Sudeste, justo en el cuadrante donde el piloto vio la luz. ¿Simple coincidencia, o algo más?

Probablemente, se trata de algo más que una simple coincidencia. Si las nubes en el sector estaba dispersas y empezaba a oscurecer, la probabilidad de asumir que el planeta Júpiter tiene el tamaño aparente de “dos aviones comerciales” son significativamente altas. En estos días, a esa hora, Júpiter sale hacia el Sureste y se va elevando (15° por hora). El quinto planeta está casi en oposición (del lado exactamente opuesto al Sol, como cuando hay Luna llena); motivo por el cual brilla más que lo habitual. En suma, se ve como lo describe Fernández: como un “faro estático”.  La forma del planeta más grande del sistema solar es esferoide, su tono es más anaranjado que el resto de estrellas y, al situarse cerca del horizonte, la distorsión atmosférica explicaría las transformaciones en su coloración. Y, por razones obvias, los planetas tampoco son detectados por el radar.

Según Fernández, la luz estaba a 30/35 ° sobre el horizonte. Pero Júpiter recién asomaba a las 19:20 hs. ¿Entonces? El piloto vio el planeta desde 5.000 pies de altitud (1650 m.). La estimación sobre el horizonte cambia totalmente desde la perspectiva de un piloto.  Eso puede explicar el motivo de la sobreestimación de la altura angular donde la luz estaba situada.

Si bien desde el aeropuerto se empezó a ver Júpiter a las 19:20 hs, desde una aeronave a 5.000 pies de altitud se puede ver “detrás” del horizonte hasta unos 157 km de distancia, lo que coloca a Júpiter (gracias a la curvatura de la Tierra) a algunos grados más de elevación.

VISTA A LAS 20:00 HS. Esta pantalla, que complementa a las anteriores, muestra la posición de Júpiter a la hora que el Cessna pilotado por Fernández aterrizó y conversó con el personal de tierra. Júpiter era visible, a 7 ° sobre el horizonte. ProgramaStellarium.

Al otro día, a la misma hora, hubiera sido posible reconfirmar cómo se veía Júpiter desde esa posición. El piloto nos comentó que no lo pudo hacer porque el 1° de julio el aeropuerto cerró por el cambio de fase de la cuarentena. Si hubiese podido volar, hubiera visto casi el mismo cielo. Y, probablemente, el mismo “ovni”. No logramos contrastar la información con el Observatorio Astronómico de Neuquén, también cerrado por la pandemia.

Júpiter sería visible desde el avión, aunque no desde tierra, algunos minutos después de las 19 hs (azimut aproximado 120º). Hacia el final del incidente, hacia las 20:00 hs, sería visible tanto desde el avión como desde tierra, a unos 7º sobre el horizonte (azimut aprox. 112º). La orografía de la zona y desde el aeropuerto de Neuquén ofrece una vista despejada en esa dirección prácticamente desde el horizonte.

PILOTOS “FUERTA DE PISTA”: MÁS COMÚN DE LO QUE PARECE

La literatura especializada ofrece abundantes ejemplos de confusiones con cuerpos astronómicos conocidos que, bajo condiciones particulares, causan reacciones insólitas entre los perceptores, pilotos incluidos. En este mismo blog referimos la reacción de controladores aéreos y pilotos por decolar el 14 de junio de 1980: unos “dieron pista” a un fenómeno artificial que se hallaba a miles de kilómetros de altitud y otros quedaron asustados y desorientados al escuchar el relato de los responsables de la torre de control.  Sin contar con el llamado Caso Bariloche de 1995, explicado en 1999 por Heriberto Janosch, cuando expuso los factores que intervinieron para crear aquella vez un escenario típicamente “platillista”, en una investigación retomada y perfeccionada en 2018 por la Fuerza Aérea Argentina.

El piloto argentino residente en Panamá Tomas Dillon nos contó un caso que le tocó vivir. El lo cuenta como ejemplo de “esto a mí no me va a pasar”. Hasta que le ocurrió. “Hace un tiempo –recordó– venía en vuelo de Costa Rica a Guatemala, al atardecer. De pronto, entre las nubes, vi una luz roja que parecía acompañar nuestro vuelo. Desaparecía entre las nubes y volvía a aparecer. Pensé en Venus, pero lo descarté porque estaba debajo del horizonte. No se veía en el TCAS (en español: «Sistema de alerta de tráfico y evasión de colisión»). Esa noche me volví loco pensando qué podría haber sido, pero gracias a Dios me ahorré el bochorno de preguntarle al Control. Al día siguiente me tocó hacer el mismo vuelo, al mismo horario; por las dudas, bajé el SkyMap al teléfono. Efectivamente, era Venus. Estaba por debajo de mi horizonte. Estaba debajo del horizonte si uno estuviera en tierra, pero yo lo veía desde la altura en que estaba. Y al estar tan en el horizonte, presentaba un corrimiento al rojo enorme, como el Sol al salir o ponerse. ¡Pero el susto me lo llevé igual!”. Si Tomas no hubiese hecho el vuelo al otro día, probablemente hoy seguiría preguntándose qué fue aquello (y figurando en los catálogos ufológicos, desde luego).

Manuel Borraz Aymerich (en “Venus, tráfico no identificado”, un trabajo que publicaremos en breve), explica: “cuando en un avistamiento desde el aire puede establecerse que Venus era visible y se encontraba en la posición en que fue observado el ovni luminoso, o muy cerca de la posición aproximada indicada por los testigos, la pregunta obligada es por qué no mencionaron éstos ningún otro objeto brillante en las proximidades del ovni, máxime si se dieron condiciones de buena visibilidad. La respuesta más simple y razonable es que, probablemente, no debía haber otro objeto: los pilotos habrían estado observando el planeta Venus. En la práctica, esto no sólo explica la “coincidencia” entre -por poner un ejemplo- el ocaso del astro y la desaparición del ovni sino que además es coherente con los detalles más espectaculares del avistamiento.”

***

Cada vez que Asterix Obelix llegaban a un cruce de caminos, no faltaba el soldado de la Legión Romana que gritaba: “¡Por Júpiter!”. La poderosa poción mágica que preparaba el druida Panorámix era conocida por los romanos.  Sin embargo, por su naturaleza guerrera, enfrentaban el poder de los galos aunque supieran que iban a ser derrotados.

Los romanos invocaban a Zeus, el dios Júpiter, para darse coraje. Hoy nadie cree que Júpiter es un dios. Es, después de todo, un planeta inofensivo. Ah, pero cuando es utilizado por los escépticos para destruir un auténtico caso ovni (por auténtico léase… todas aquellas cosas que se pueden ver en el cielo y no pueden ser identificadas) es hora de volver al ánfora de Panorámix y recuperar su magia y la Fuerza Mítica de los Galos. Incluso puede ser un buen momento para retomar lecturas. Las obras de KeyhoeRibera Zerpa (Maussan no escribe) nos esperan en alguna biblioteca colmada de maravillas para acunar nuestro niño interior.

NOTAS

(1) Esta definición, publicada en el primer libro de Hynek, The UFO Experience: A Scientific Enquiry (1972), es una versión corregida y aumentada de la que dio el USAF Air Technical Intelligence Center en 1954. No busques el dato en ningún libro de ovnis, se encuentra aquí.

(2) Este tipo de contradicciones no prueban que el piloto “mienta”, de ninguna manera. Simplemente, las entrevistas no siempre son las mismas (ni somos los mismos mientras suceden): en tales interacciones, nuestras narrativas, para mal o para bien, acompañan el sesgo que impone el interlocutor, sea éste “sensacionalista”, “técnico”, “creyente”, “escéptico”, etc.

AGRADECIMIENTOS:

Este caso despertó la curiosidad de muchos amigos que aportaron ideas, enviaron noticias, contactos y /o prestaron asesoramiento astronómico. Quedo en deuda con Manuel Borraz AymerichWalter ElíasAriel MadernaDiego HernándezFernando Lefevre y Enrique Pereira Lucena. A todos ellos, muchas gracias.

Alejandro Agostinelli

Periodista y productor. Autor de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Random House, 2009). Editor de Factorelblog.com


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