Psicoanálisis: mucha charlatanería, nada de ciencia – Parte III (última)

Douglas Rodrigues Aguiar de Oliveira

Presentamos la tercera y última parte del artículo de Douglas Rodrigues Aguiar de Oliveira sobre el psicoanálisis. Esperamos tus comentarios y crìticas en info@pensar.org

¿Puede ser eficaz el psicoanálisis?

Contrariamente a lo que afirman algunos psicoanalistas, las evidencias científicas demuestran que no.

En primer lugar, no hay evidencias de que el psicoanálisis sea efectivo como psicoterapia. Por ejemplo, Edward Ryan y Morris Bell, que son psicólogos, realizaron un estudio de acompañamiento con 50 personas que fueron sometidas a la terapia psicoanalitica en un período de seis meses, y concluyeron que el psiconálisis no fue efectivo para el tratamiento de los pacientes. En un meta-análisis de 142 estudios científicos, el autor llegó a la conclusión de que el psicoanálisis y otras terapias llamadas “humanísticas” son indistinguibles del efecto placebo. Ya en un meta-análisis de 11 estudios científicos (4.107 estudios fueron excluidos por no alcanzar un nivel mínimo de calidad), el resultado mostró que el psicoanálisis no difiere significativamente del tratamiento de control, y que la evidencia sobre su eficacia es limitada y problemática. En un estudio realizado con 226 pacientes en Chestnut Lodge, que fue una antigua institución psiquiátrica en Rockville, Estados Unidos, mostró que la terapia psicoanalítica no obtuvo ningún éxito.

En segundo lugar, no existe ninguna evidencia de que ella sea efectiva en el tratamiento de síntomas de autismo. En la “Guia de buena práctica para el tratamiento de trastornos del espectro autista” del Ministerio de Salud de España, leemos que “el Grupo de Estudio no recomienda la terapia psicodinámica como tratamiento del TEA  y destaca que el abordaje psicoanalítico del autismo constituye uno de los mayores errores de la historia de la neuropsiquiatría infantil“. Tanto el Ministerio de Salud de Francia como la Organización Mundial de la Salud no recomiendan más el psicoanálisis como terapia para el autismo.

Se recomienda leer:

Más estudios científicos que demuestran la ineficacia del psicoanálisis para una serie de enfermedades mentales y otros problemas fuero compilados por Mauro Lirussi en su sitio (Lirussi, 2014cLirussi, 2014d).

El psicoanálisis ¿es filosofía?

Existen propuestas metafilosóficas para distinguir “filosofía” de “pseudofilosofía” (Bunge, 2012; también, en este artículo del autor). “Filosofía no es lo mismo que escribir cualquier cosa aleatoria que tenga sentido en la cabeza de alguien, ni tampoco articular ideas con vocabulario rebuscado y de modo aparentemente profundo.

La filosofía es una actividad intelectual, tanto racional como empírica, donde son considerados conocimientos auténticos de base para elevarse y tratar problemas nuevos y viejos.

La filosofía mantiene una relación amigable con la ciencia, en la medida en que provee exactitud al lenguaje científico, ayudando a clarificar conceptos pertinentes a la investigación de la realidad, como “espacio”, “tiempo”, “verdad”, “objeto”, “propiedad”, “sistema”, “emergencia”, “materia”, “energía”, “mente”, entre otros. La filosofía también ayuda a inspirar nuevas investigaciones, proveyendo un cuadro teórico que auxilia a los científicos a entender mecanismos causales y procesos emergentes en el cerebro humano que reportarían nuestras experiencias subjetivas (o conciencia), como propusieron los filósofos David Chalmers (1995) y Mario Bunge (1997).

En resumen, una filosofía auténtica incentiva la exploración de la realidad, contribuye con el tratamiento de problemas reales e inspira la investigación científica.

Una pseudofilosofía hace lo opuesto. Rechaza la investigación de la realidad, contempla el misterio (o sea, lsentença misterianista de que existem problemas que la ciencia jamás podrá resolver), desprecia la preocupación por la lógica (la forma y la estructura de los argumentos), ignora la ciencia y enaltece la oscuridad. La característica fundamental de la pseudofilosofía es su esterilidad, o fosilización, frente al conocimiento del momento.

El psicoanálisis no tiene ninguna característica de la filosofía porque tiene a) una semántica confusa, b) una ontología anticientífica, c) una epistemología marginal y d) vulnera principios éticos de las prácticas basadas en evidencias. Por ejemplo:

La semántica es la rama de la filosofía que linda con el significado, la verdad y la representación. En ese sentido, una semántica debe proporcionar a la ciencia conceptos para darle sentido a las sentencias, incluyendo un concepto de verdad y la claridad necesaria para evitar ambigüedades.

En el psicoanálisis, el concepto de verdad no fue explorado hasta el momento por ningún psicoanalista. El concepto de “inconsciente”, siendo el más central del campo psicoanalítico, es poco claro. En Lacan, por ejemplo, se dice que “el inconsciente está estructurado como lenguaje”. Un filósofo cuidadoso indagaría sobre el sentido real de esa afirmación, y pediría especificaciones sobre cuál es el lenguaje al que se hace referencia. En resumen, el psicoanálisis carece de una clase de referencia y una semántica adecuada.

La ontología es la rama de la filosofía que estudia el ser y el llegar a ser del mundo, o sea, estudia las cosas y sus cambios de manera general. El problema ontológico más conocido que enfrenta el psicoanálisis es el “problema mente-cerebro”, que es la discusión que involucra lo que es la mente, el cerebro y el cuerpo, o sea, ¿los estados mentales forman parte del cuerpo, o son cosas diferentes que funcionan de manera independiente?

El psicoanálisis presupone la existencia de tres entidades desencarnadas conocidas como id, ego y superego, las cuales afectarían nuestro comportamiento/personalidad y, al mismo tiempo, operarían de modo independiente de todo sistema cerebral [i]. Esa posición se refiere claramente al dualismo psiconeural, que es la tesis que afirma que entidades inmateriales (almas o espíritus) obedecen a leyes diferentes de las que rigen el Universo, e interactúan con los cuerpos materiales, aunque existiendo de manera independiente. Esa ontología es anticientífica porque viola el principio de conservación de la energía de las leyes de la termodinámica y rechaza los datos psicobiológicos y neurocientíficos respecto del funcionamiento de nuestro cerebro y comportamiento (Bunge, 2017).

La epistemología es la rama de la filosofía que trata la justificación y el proceso de construcción del conocimiento. El psicoanálisis no tiene una epistemología propiamente dicha, en el sentido de que no cuenta con un programa de investigación experimental, como ocurre en la psicología científica y la neurociencia cognitiva.

El principal método de investigación de los psicoanalistas no es la investigación empírica, sino la lectura de los textos (tenidos como virtualmente sagrados) de Freud, Lacan y otros psicoanalistas. Uno de los problemas más señalados por los filósofos de la ciencia es que el psicoanálisis posee diversas hipótesis que, de la forma como fueron originalmente propuestas, son imposibles de ser puestas a prueba y, por lo tanto, no pueden ser determinadas como “verdaderas” o “falsas” -algo típico de toda pseudociencia.

La ética y la axiología son preocupaciones filosóficas inherentes a cualquier actividad humanitaria. El principio “disfrute de la vida y ayude a los demás a vivir una vida disfrutable” es la esencia de la práctica altruista, médica y psicológica. Los psicoanalistas simplemente vulneran tales principios, al adoptar prácticas sin base en la evidencia para pacientes que sufren de ansiedad, depresión, esquizofrenia y autismo. La evidencia es clara: la terapia cognitivo conductual ha sido cada vez más recomendada para lidiar con todos esos problemas y el psicoanálisis ha causado cada vez más daños a las personas.

En otras palabras, el hecho de que una disciplina se construya con principios filosóficos no es lo mismo que se la considere una filosofía.

La relación propuesta entre la filosofía y el psicoanálisis es forzada y conflictiva, creada solo con el objetivo de salvar al psicoanálisis del rótulo de “pseudociencia” y “pseudoterapia” por parte de una comunidad con aversión a la ciencia y a la racionalidad.

La supuesta multidisciplinariedad psicoanalítica propalada por algunos psicoanalistas, tampoco sobrevive a las evidencias, como el fracasado proyecto neuropsicoanalítico y la explicación extravagante del antropólogo Geoffrey Gorer (1950), que decía que la revolución rusa había sido causada por la forma como las madres rusas ajustaban los pañales.

Aunque el psicoanálisis fuera una filosofía, sería igualmente antiético ofrecer una “filosofía” como tratamiento de una serie de enfermedades mentales, en lugar de una terapia basada en evidencias.

¿Qué es lo que queda?

Los psicoanalistas se oponen a los métodos utilizados por escuelas científicas de la psicología (por ejemplo, cuantificación de procesos psicológicos, experimentos comportamentales, ensayos clínicos randomizados, doble ciego, etc.), y rechazan el uso de herramientas estadísticas para medir los efectos de sus prácticas terapéuticas.

La mayoría de los experimentos que existen para probar algún principio psicoanalítico fue hecha por psicólogos experimentales.

Los meta-análisis favorables al psicoanálisis no consideran los resultados negativos y utilizan ensayos que no tuvieron metodología adecuada y carecen de grupos de control. Aparte, los psicoanalistas ignoran, por principio, los descubrimientos de la psicobiología y de la neurociencia cognitiva, como mostré a lo largo del artículo.

Como dijo Mario Bunge (2006), “su psicología es de sillón y sofá, porque son prisioneros del mito primitivo del alma inmaterial que no puede ser captada por medios materiales, como la resonancia magnética funcional y otros métodos de visualización de los procesos mentales”. Frente a esto, no queda mucho del psicoanálisis más allá de la fantasía idealista.

Revisores:

Andres Pereyra Rabanal (Máster e Filosofía y Graduado en Psicología), Carlos Guerreiro (Máster en Psicobiología y Graduado en Psicología), Cristopher de Castro Perdigão (Graduado en Psicología y Especializado en Terapia Cognitivo-Comportamental), Daniel Gontijo (Doctor en Neurociencias), Gerardo Gabriel Primero (Psicólogo y Docente de Psicología) y Thiago Montalvão (Especializado en Terapia Cognitivo-Comportamental y Máster en Neurociencias).

Nota

[i] Un psicoanalista podría objetar que, en verdad, algunos ejemplos dados a lo largo del artículo, como las instancias psíquicas (idego e superego), son solo metáforas u hipótesis para la personalidad sin necesariamente caer en un dualismo psiconeural, pero el psicoanálisis no tiene una teoría semántica y, por lo tanto, la claridad no es su fuerte. Muchas veces, las hipótesis psicoanalíticas presentan un doble significado, con un sentido literal y en otro con sentido amplio y metafórico, lo que evitaría la refutación, pero no la crítica de que las supuestas metáforas aún serían desprovistas de cualquier dato empírico y poder explicativo.

Como destaca Matías Castro (2016): “El complejo de Edipo, en sentido literal, es un deseo incestuoso y un deseo de muerte, mientras que, en un sentido amplio, es un conjunto de conceptos como amor, odio, celos y rivalidad, que permiten describir cualquier relación humana, o también es definido como una estructura triangular entre el niño, el objeto del deseo y el portador de la ley. El falo designa el pene, o todo lo que es deseado (por ese motivo, cualquier deseo puede confirmar la amenaza de castración o la envidia del pene). La homosexualidad es el deseo sexual en sentido estricto, o cualquier relación amigable entre individuos del mismo sexo. Siempre puede decirse que ‘el psicoanálisis es otra cosa’ (Primero, 2005), algo ciertamente útil que se puede aprovechar debido a su ambigûedad, aunque bastante deshonesto”.

Comentarios y crìticas: info@pensar.org

Douglas Rodrigues Aguiar de Oliveira

Douglas Rodrigues Aguiar de Oliveira es Pos-graduado en Hackeo Ético y Ciberseguridad y Fundador de Universo Racionalista.


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