Usar la filosofía para identificar una pseudomedicina

Douglas Rodrigues Aguiar de Oliveira, Josikwylkson Costa Brito

Toda ciencia se basa en presuposiciones filosóficas tales como “espacio”, “tiempo”, “propiedad”, “energía”, “verdad” y “realidad” por lo que no es posible concebir la existencia de la ciencia sin filosofía (Romero, 2017). En este contexto, filósofos y científicos pueden contribuir a la ciencia a través del análisis y elucidación de conceptos o tesis filosóficas con el objetivo de analizar su compatibilidad con la ciencia y, al mismo tiempo, proporcionar un marco general que sirva como punto de partida para la investigación de la realidad (Oliveira, 2019).

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La intersección entre la ciencia aplicada y la tecnología parte de un mismo trasfondo filosófico admitiendo, por ejemplo, el realismo basado en la idea de que existe una realidad accesible y modificable artificial o socialmente para satisfacer las necesidades humanas. La medicina surge del mismo principio, por lo que su campo implica tanto la producción de conocimientos en áreas relacionadas (por ejemplo, biomedicina, virología, epidemiología, infectología, microbiología, etc.), como su inclusión en la práctica profesional misma. Así como las ciencias de la salud tienen conceptos filosóficos esenciales como “virus”, “bacterias”, “salud”, “enfermedad”, “vida” y “muerte”, la práctica también los tiene. Como afirma el filósofo Mario Bunge en Filosofía para médicos (2012): “los médicos filosofan todo el tiempo” como cuando, a partir de la historia clínica, el exámen físico y los exámenes de laboratorio o de imagen, infieren inductivamente un posible problema de salud (para más información, véase el video al final del artículo).

Filosofía para médicos, de Mario Bunge: los médicos filosofan todo el tiempo”.

Esclarecer la filosofía de la medicina ayuda al médico a intuir mejor el cuadro de salud de sus pacientes dirigiendo una conducta orientada hacia el caso clínico. También contribuye al científico de la salud interesado en averiguar cómo ciertas enfermedades afectan al organismo (Bunge, 2012). Por ejemplo, mediante la adopción del sistemismo -tesis filosófica según la cual todo es un sistema o subsistema dotado de propiedades emergentes- se puede evaluar la medicina en tres situaciones. En la primera, tratamos de entender la implicación de un cierto microorganismo no sólo en una parte aislada de la estructura anatómica o fisiológica del cuerpo humano, sino en todo el cuerpo como un sistema amplio. Fortalecer este razonamiento es crucial para el pensamiento clínico, porque a menudo un signo distante a uno más evidente de la enfermedad actual puede confirmar o excluir un diagnóstico. Un buen ejemplo es la glomerulonefritis post-estreptocócica (GNPE), que consiste en cambios en la filtración renal causados por la reacción inmunológica sistémica a una infección de la faringe o de la piel por bacterias del género Streptococcus del grupo A. Ante un cambio en la función renal, es posible pensar en varias patologías, pero saber si hay antecedentes de faringitis o pioderma previos puede ayudar en el diagnóstico y hacer que el médico piense más claramente en una GNPE.

En una segunda situación, el sistemismo ayuda a razonar sobre los determinantes de la enfermedad, expandiendo el pensamiento clínico no sólo hacia la patología, sino también hacia los factores predisponentes. Por ejemplo, un paciente con verminosis nunca estará libre de reinfecciones hasta que no tenga higiene y/o acceso al agua tratada, o una persona con depresión grave nunca estará libre de su patología siendo tratada sólo con drogas psicotrópicas sin psicoterapia adyuvante. En una tercera situación, el sistemismo ayuda a conferir una mayor calidad de la evidencia a los estudios que involucran poblaciones (como ensayos clínicos aleatorizados), en lugar de individuos (como informes de casos). Por ejemplo, si bien se afirma que la vitamina C puede tratar los resfriados utilizando argumentos como “en mí funciona”, los ensayos clínicos sugieren que no hay evidencia significativa para dar crédito a esta declaración (Hemil- & Chalker, 2013).

Otro ejemplo es el materialismo, una tesis filosófica según la cual la realidad se compone exclusivamente de cosas materiales o concretas, desde átomos, campos, microorganismos, cerebros, o personas hasta artefactos. Una “cosa” no es lo mismo que una “propiedad” (por ejemplo, “energía”), ni tampoco las ideas consideradas en sí mismas. La propiedad universal de todas las cosas es la “energía”, entendiéndose una propiedad por la cual una “cosa” cambia o puede cambiar.

Hay diferentes tipos de energía en el contexto de la ciencia, como la potencial y cinética, mecánica y térmica, o electromagnética y nuclear. Del mismo modo, existen diferentes tipos de materialismo como el reduccionista y el emergentista. El primero considera que cada objeto existente es una “cosa física”, es decir, descriptible en términos físicos, mientras que el segundo sostiene que, aunque todos los seres existentes son materiales o concretos, no pertenecen a un mismo nivel, pudiendo estar agrupados en muchos niveles de organización (físico, químico, biológico, social o tecnológico). Sin materialismo -especialmente en el contexto de la medicina- cada enfermedad o problema de salud se atribuiría a un agente espiritual, por lo que sería inútil buscar a los virus, las bacterias, los hongos, las reacciones autoinmunes, o los tumores que pudieran estar deteriorando la salud del paciente toda vez que en lo espiritual una entidad no tiene propiedades físicas como la energía (o las restricciones que impone), no estaría sujeta a las leyes de la naturaleza ni a la detección a través de herramientas tecnológicas, como la resonancia magnética o la tomografía computarizada (Bunge, 2010).

La medicina real se basa en el materialismo filosófico ya que no existe medicina que no asuma que las enfermedades sean causadas por agentes materiales. Por ejemplo, las personas que sufren esquizofrenia severa generalmente informan alucinaciones. Por lo tanto, un médico que practique medicina científica (o medicina basada en la evidencia), posiblemente prescribiría antipsicóticos como haloperidol, risperidona o quetiapina. Un practicante de la medicina fantasiosa (también conocida como pseudomedicina o pseudotecnología) adoptaría el sobrenaturalismo como filosofía correspondiente a los principios de las religiones monoteístas y atribuiría a cada enfermedad un agente espiritual. Con ello, prescribiría a los pacientes sesiones de exorcismo para expulsar los supuestos espíritus malignos, ignorando la falta de evidencia para su diagnóstico clínico y la incompatibilidad del sobrenaturalismo con la ciencia y la medicina.

La incompatibilidad entre el sobrenaturalismo con la ciencia es evidente de acuerdo con la primera ley de la termodinámica, según la cual la energía total de un sistema cerrado es constante y cualquier cambio de energía debe ser compensado por la entrada o salida de energía correspondiente del sistema (Stenger, 1997). De esta manera, considere los siguientes hechos:

(a) cada cosa material tiene propiedades físicas (por ejemplo, energía)

(b) cada entidad inmaterial no tiene propiedades físicas, por lo que no tiene forma de compensar la entrada de energía en un sistema cerrado.

Como resultado, es físicamente imposible que algo inmaterial, como entidades espirituales o el inconsciente psicoanalítico (Oliveira, 2020), derive o interactúe con lo que es material, como el universo, el cuerpo humano, o el cerebro.

La práctica de la medicina también implica otros principios filosóficos generales como el escepticismo. La frase “En medicina, así como en el amor, ni nunca, ni siempre” era tradicional entre los antiguos médicos franceses. Por otro lado, “la medicina es una ciencia de la incertidumbre y el arte de la probabilidades” es una frase de William Osler, uno de los pioneros de la medicina moderna (Stacy, 1965). Las dos citas comparten virtudes comunes: la apreciación de la incertidumbre y el culto al escepticismo.

William Osler: “la medicina es una ciencia de la incertidumbre y el arte de la probabilidades”.

El escepticismo implica poner la intuición médica en duda y actuar sobre la base de probabilidades. Por ejemplo, cuando un paciente llega a la consulta e incluso antes de quejarse de cualquier malestar, puede tener todas las enfermedades que existen (conocidas y desconocidas). Cuando es atendido y se queja de fiebre, la probabilidad de padecer una enfermedad infecciosa aumenta, mientras que la de padecer una enfermedad no infecciosa disminuye (aunque no es excluida). Luego, pueden diagnosticarse una serie de posibles infecciones y la probabilidad de cada una cambiará según el síntoma, contexto social, epidemiología, examen físico, exámenes de laboratorio, entre otros. Si el paciente se queja de diarrea, aumenta la probabilidad de una gastroenteritis; si refiere obstrucción nasal y secreciones gruesas, aumenta la probabilidad de una rinitis. Y si hay quejas de fiebre con posterior aparición de lesiones rojizas en la piel y el paciente vive en un área endémica de dengue, la probabilidad de esta enfermedad aumenta. Sin embargo, si las lesiones rojizas aparecen primero y van acompañadas de picazón profunda apareciendo la fiebre recién después, la probabilidad de zika resulta más fuerte.

Postular agentes patógenos también pasa por el mismo razonamiento. Por ejemplo, si hay un niño febril con una frecuencia respiratoria superior a la normalidad, la probabilidad de una neumonía aumenta. Si junto con estos síntomas, tiene menos de dos meses de edad, es más probable que la enfermedad sea causada por bacterias relacionadas con el canal del parto como enterobacterias y clamidia. En cambio, si el niño es mayor de cinco años, es más probable que la causa esté relacionada con el neumococo.

La llegada al diagnóstico depende de una ponderación de lo que es más probable y menos probable. En este contexto, el escepticismo surge como un enfoque metódico en el que el médico duda del diagnóstico menos probable considerando su compatibilidad con los datos recogidos.

Otros principios muy valorados en medicina son el cientificismo y el humanismo. El primero implica la consideración de que un tratamiento real y eficaz no es posible sin tener en cuenta el fondo de conocimientos científicos (por ejemplo, provenientes de la biología, anatomía, fisiología, virología, microbiología, epidemiología, etc.), y los estudios seguros disponibles (como ensayos controlados y aleatorizados) para verificar la eficacia de cualquier medicamento o terapia. A su vez, el humanismo implica la práctica altruista de la medicina sin permitir juicio alguno sobre la prioridad de la atención de un paciente debido a su historia de vida, creencias o ideologías políticas, sino por la gravedad de su condición clínica, lo que conduce a no transformar la práctica médica en un acto comercial.

Toda pseudomedicina rechaza los principios filosóficos mencionados de la medicina científica, reemplazándolos por cosmovisiones pseudocientíficas o filosofías no comprometidas con la realidad (Bunge, 2006). Por ejemplo, el realismo es reemplazado por el constructivismo social (p. ej. los patógenos sólo son construcciones sociales y no representan entidades biológicas reales); materialismo por sobrenaturalismo (p. ej. las enfermedades mentales son espíritus malignos que controlan al paciente); el cientificismo por el anticientificismo (p. ej. mitos, leyendas o incluso la medicina chamánica son tan válidos como la ciencia); el humanismo por el comercialismo (p. ej. el beneficio importa más que la atención médica); el escepticismo por el dogmatismo (p. ej. el pronóstico médico es infalible y las terapias, incuestionables); y el sistemismo por el individualismo (p. ej. cada enfermedad puede atribuirse exclusivamente a un módulo independiente del cuerpo o se encuentra libre de determinantes sociales por lo que no requiere de enfoques más amplios).

“Toda pseudomedicina rechaza los principios filosóficos mencionados de la medicina científica, reemplazándolos por cosmovisiones pseudocientíficas o filosofías no comprometidas con la realidad”.

El constructivismo social llevó al ideólogo Michel Foucault a acusar a la medicina en general, y a la psiquiatría en especial, de ser formas de control social al servicio de las instituciones políticas (Foucault, 1963), llegando a afirmar que las enfermedades mentales son exclusivamente construcciones sociales (Foucault, 1973). Ciertamente, las enfermedades mentales presentan una evidente maleabilidad con respecto al contexto social. Sin embargo, no son necesariamente creadas por la sociedad ya que existirían en la humanidad incluso sin una denominación propia. En cambio, el sobrenaturalismo condujo al florecimiento incontrolado de las medicinas alternativas como la acupuntura, la homeopatía y el reiki (Carroll, 2014). Por su parte, el anticientificismo llevó al místico e ideólogo austriaco Paul Feyerabend a defender la equivalencia entre la ciencia y el mito, o a rechazar la existencia del método científico (Feyerabend, 1975). Finalmente, el comercialismo ha contribuido a la aparición de pseudomedicinas en los últimos siglos como la “curación cuántica” y la programación neurolinguística (PNL) que aprovechan la ignorancia científica de la población para beneficiarse prometiendo resultados rápidos pero lamentablemente inalcanzables.

El dogmatismo lleva a los médicos a negar diariamente la evidencia en favor de su experiencia profesional. La experiencia y los valores personales se consideran dogmas fiables a pesar de sus diversos sesgos; mientras que los buenos estudios son ignorados. Un ejemplo reciente es el uso desenfrenado de la hidroxicloroquina en el tratamiento de COVID-19, incluso con probada ineficacia (Nogueira & Brito, 2020) para lo cual se utilizan argumentos del tipo “es mejor esto en lugar de no hacer nada” o “funcionó donde trabajo”. De manera complementaria, el individualismo hace que los médicos se adhieran a un sistema afectado por la enfermedad durante una consulta sin examinar al paciente en general (en todos sus sistemas biológicos y sociales), o ignorar los factores de riesgo que aumentan la probabilidad de que la persona tenga la enfermedad, o sobrestimar los resultados de casos aislados en detrimento de los estudios de población.

Saber identificar los presupuestos filosóficos mencionados anteriormente facilita la identificación de las pseudomedicinas. Debido a que todavía tienen un gran predominio en diversos sectores de la sociedad, sería plausible utilizar la filosofía de la medicina como método de criterio de demarcación auxiliar para distinguirlas de la medicina real (o basada en la evidencia). De tal manera, la antigua dicotomía popperiana de teorías falsables versus no falsables ignora la forma en que se produce la ciencia y deja espacio para que las afirmaciones incompatibles con la mayoría de los conocimientos sean tratadas como científicas, como el caso de la acupuntura y la homeopatía que, aun antes de ser puestas a prueba, revelan presuposiciones irreconciliables con la anatomía, la fisiología y la física de la época.

Más información:

Filosofía para médicos – Mario Bunge – Video

Referencias

  • Bunge, M. (2012). Filosofía para médicos. Gedisa Editorial.

  • Bunge, M. (2010). Matter and mind: A philosophical inquiry. Boston Studies in the Philosophy and History of Science, 287 Springer Science & Business Media. DOI: 10.1007/978-90-481-9225-0

  • Bunge, M. (2006). The Philosophy behind Pseudoscience. Skeptical Inquirer, 30(4).

  • Carroll, R. (2014). Magical thinking. The Skeptic’s Dictionary.

  • Feyerabend, P. (1975). Against method. Verso Books.

  • Foucault, M. (1973). Le Pouvoir psychiatrique.

  • Foucault, M. (1963). Naissance de la clinique une archéologie du regard médical.

  • Hemilä, H., Chalker, E. (2013). Vitamin C for preventing and treating the common cold. Cochrane Database of Systematic Reviews 2013, Issue 1. DOI: 10.1002/14651858.CD000980.pub4.

  • Nogueira, F., & Brito, J. C. (2020). The costly hydroxychloroquine battle in Brazil. Journal of Evidence-Based Healthcare, 2(1). DOI: 10.17267/2675-021Xevidence.v2i1.3054

  • Oliveira, D. R. A. de. (2019). Quais contribuições a filosofia trouxe à ciência? Universo Racionalista.

  • Oliveira, D. R. A. de. (2020). Psicoanálisis: mucha charlatanería, nada de ciencia. Revista Pensar.

  • Romero, G. (2017). La filosofía científica y los límites de la ciencia. Revista Científica Estudios E Investigaciones, 6(1), 97-103. DOI: 10.26885/rcei.6.1.97

  • Stacy, R. (1965). Computers in biomedical research.

  • Stenger, V. (1997). Intelligent Design: Humans, Cockroaches and the Laws of Physics. The TalkOrigins.

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Douglas Rodrigues Aguiar de Oliveira

Douglas Rodrigues Aguiar de Oliveira es fundador de Universo Racionalista.


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Josikwylkson Costa Brito

Josikwylkson Costa Brito es estudiante de quinto año de Medicina y editor del sitio Universo Racionalista.


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